28 de marzo 2005 - 00:00

El Colón revela sus secretos a los chicos

El coreógrafo Carlos Trunsky adaptó y dirige «Las aventuras de Pedro y el lobo», versión ampliada de la obra de Prokofiev, que además de entretenerlos, enseña a los chicos las diferentes actividades que se desarrollan en el Teatro Colón.
El coreógrafo Carlos Trunsky adaptó y dirige «Las aventuras de Pedro y el lobo», versión ampliada de la obra de Prokofiev, que además de entretenerlos, enseña a los chicos las diferentes actividades que se desarrollan en el Teatro Colón.
«Las aventuras de Pedro y el lobo». Coreog., dir. gral. y adapt. textos: C. Trunsky. Adapt. mus.: J. Chikiar. Esc.: Siliano. Vest.: M. Albertinazzi. Ilum.: E. Sirlin. Ballet Estable. Dir.: M. Uthoff. Filarmónica Bs. As. Dir.: S. Frangi. (Teatro Colón, sábados y domingos a las 11.30.)

Este es un delicioso espectáculo de Carlos Trunsky pensado por el Teatro Colón para que los chicos conozcan las actividades que desarrolla el teatro, sus elencos estables y el personal técnico. La representación de esta versión de «Pedro y el lobo» ampliada permite, en primer término, que los chicos conozcan el Colón; después vienen las cuestiones técnicas (escenografía, vestuarios, luces elaboradas por los artistas eventuales a cargo de la puesta en escena) y más adelante el impacto de una orquesta sinfónica (en este caso la Filarmónica de Buenos Aires) y una compañía de ballet de alto nivel.

Si a ello se suman la descripción del sonido y la presencia de algunos de los instrumentos de una orquesta representados por los movimientos de los bailarines se tiene como resultado un eficacísimo recurso pedagógico que no pierde nunca de vista el entretenimiento.

El cuento sinfónico de Serguei Prokofiev, adaptado por Trunsky se estructura en dos partes. La primera es la historia ya conocida de Pedro atrapando al temible lobo que inspira horror al resto de los animales de la aldea. La segunda, sin intervalo, pone su acento en la tristeza del lobo encerrado en el zoológico y la conmiseración de Pedro por él, quien con ayuda de otros animales le devuelve la libertad. En el final, todos se entregan a una danza general con la música de la marcha de «El amor por tres naranjas», la otra obra de Prokofiev utilizada por el coreógrafo junto a fragmentos de «Romeo y Julieta» del mismo compositor ruso.

Los exquisitos segmentos musicales sirven para un diseño coreográfico, de raíz clásica, de impactante dinámica. Pedro y el pajarito Nico (a cargo de los excelentes Leonardo Reale y Maricel De Mitri) son los caracteres mejor construidos por Trunsky, aunque también gozaron de su preferencia la pata Ester, el león y los cazadores. Los ensambles tienen siempre originalidad y disciplina por parte de los bailarines-actores. La escenografía con transparencias y proyecciones, la iluminacióny el rutilante vestuarioson buenos aliados del bailey de la música dirigidos con oficio por el mismo Trunsky el primero y Susana Frangi la segunda.

Sólo dos reparos: no es necesario que los bailarines hablen; las imágenes son por demás elocuentes, aún para los niños. Y en lo conceptual, no es creíble que el llanto del lobo conmueva al cazador de tal manera que lo deje en libertad. Esta solución no le hubiera gustado a Prokofiev, que le dio justo castigo a quien lo merecía.

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