2 de agosto 2006 - 00:00

El Colón se abre para la "Selección" de Federico

Leopoldo Federico y un renacimiento que él estima inesperado: «Cuando tocaba con Julio Sosa yo no era consciente de su grandeza; empecé a percibirla cuando tuvo aquel desgraciado accidente y todo el mundo me preguntaba por él».
Leopoldo Federico y un renacimiento que él estima inesperado: «Cuando tocaba con Julio Sosa yo no era consciente de su grandeza; empecé a percibirla cuando tuvo aquel desgraciado accidente y todo el mundo me preguntaba por él».
"Esto que está sucediendo es algo inesperado. Cuando pensé que mi carrera ya se estaba terminando, hubo un renacer que realmente me sorprende". El bandoneonista Leopoldo Federico no oculta su entusiasmo -que sólo se aplaca cuando se mezcla en la conversación su Racing Club-, a pesar de algunos problemas de salud que le complican la vida diaria.

En poco tiempo, los últimos años han marcado el renacimiento de su orquesta, la participación en el proyecto Café de los Maestros, con disco y futuro concierto de presentación dirigido por el ganador del Oscar Gustavo Santaolalla, y un lugar destacado en otro proyecto colectivo, la Selección Nacional del Tango, una orquesta compuesta por grandes figuras de distintas épocas.

Su agenda inmediata lo dice todo: el próximo domingo dirigirá su orquesta en el Teatro Colón; el lunes 14 volverá al mismo escenario como parte de la Selección Nacional; el jueves 24, otra vez en el Colón, será una de las figuras destacadas en la demorada presentación del álbum «Café de los Maestros», y una vez más subirá al principal escenario porteño en octubre con la Selección Nacional.

«Estoy muy agradecido por todo esto» -continúa-. «Y es curiosa la vida, porque en momentos duros, cuando hubiera necesitado apoyo para afirmarme, no lo tuve, y ahora llegó solo sin haberlo buscado».

Periodista: De todos modos, el haber acompañado durante años a Julio Sosa lo puso a usted un poco por fuera de la crisis que empezó a vivir el tango a partir de la década del '60.

Leopoldo Federico: Efectivamente.-Julio era un artista muy respetado pero, sobre todo, muy popular. Y haber dirigido la orquesta que lo acompañaba nos permitió pasar por el costado de la crisis que estaban viviendo muchos colegas míos, cuando la Nueva Ola y el Club del Clan dejaron al tango sin muchos espacios. En esa época yo no era conciente de con quién estaba actuando; empecé a percibirla importancia que tenía Julio cuando tuvo aquel desgraciado accidente y todo el mundo me preguntaba por él.

P.: Más allá de la popularidad, muchos consideran a Sosa como un cantor sin sutilezas, en las antípodas de Astor Piazzolla, con quien también actuó usted. ¿Cómo han convivido en usted estas dos maneras tan diferentes de hacer tango?

L.F.: Piazzolla es un punto aparte en la historia del tango. Haber tocado con él fue un placer y haber integrado aquel Octeto es un orgullo profesional. Tocar con Astor ha sido siempre una chapa muy importante para cualquier músico; era sacar carnet de profesional, aún para muchos que lo criticaban. Y respondiendo a su pregunta, no veo contradicciones. Yo he tocado con Sosa, con Piazzolla y con muchos otros; y he podido compartir las diferentes experiencias con mucho gusto.

P.: Desde este lugar de prócer del tango que le ha sido otorgado en los últimos años, ¿cómo ve la realidad actual del género?

L.F.: Veo que hay una crisis. Existe una gran cantidad de músicos nuevos, muy buenos. Podría nombrar a Nicolás Ledesma, Pablo Agri, Cristian Zárate, Adrián Bertero, Andrés Linetzky, Julio Pane, Pablo Mainetti, Walter Ríos, Horacio Romo, Federico Pereiro, y seguramente que estoy olvidándome de muchísimos otros. Pero lo que veo al mismo tiempo es que muchos no saben para dónde ir. Hoy los músicos se debaten entre las imitaciones y las búsquedas, pero de algún modo siempre seguimos escuchando a las orquestas de los años '40, o aun anteriores, o a los herederos de Piazzolla. Me parece que la crisis, más que en el terreno de los intérpretes -que, como le digo, hay muchos buenísimosestá en la composición y en la renovación de estilos. A lo mejor hay obras que no se ven, que están en el cajón de los músicos, y sé que no es fácil dejar de hacer los clásicos. Pero igualmente, todavía no veo que los jóvenes estén encontrando nuevos caminos.

P.:
¿No le parece que el tango electrónico puede ser un camino para salir de lo conocido?

L.F.: Eso no conduce a nada. Quizá sea bueno comercialmente, pero ahí no hay melodía, ni creatividad de temas nuevos. Me parece que el tango electrónico, en relación a lo que estamos hablando, no resiste el análisis.

P.: Con tanto trabajo como músico que le ha surgido en los últimos tiempos, ¿cómo lleva adelante su tarea como presidente de la Asociación Argentina de Intérpretes?

L.F.: Lo del trabajo en la AADI es algo que me apasiona; y la verdad es que cuando empecé a meterme en esto no tenía tantos compromisos musicales como ahora. Pero igualmente, aunque a veces me vuelvo un poco loco, sigo adelante. Estoy empecinado desde hace años en lograr la ley del intérprete, para que tengamos el mismo reconocimiento que tienen los autores y los compositores. Siento que estamos cerca de lograrlo con este gobierno, pero es importante que tengamos el apoyo de todos los intérpretes, sobre todo de los más conocidos, para que todos entiendan la importancia de esta ley.

Entrevista de Ricardo Salton

Te puede interesar