14 de agosto 2003 - 00:00

"El hada ignorante" vale hasta la mitad

Stefano Accorsi
Stefano Accorsi
«El hada ignorante» (Le fate ignoranti, Italia, 2000, habl. en italiano). Dir.: F. Ozpetek. Guión: G. Romoli & F. Ozpetek. Int.: M. Buy, S. Accorsi, S. Yilmaz, A. Renzi, G. Garko, E. Blanc.

E l título local de este drama moderno, «El hada ignorante», se refiere a una mujer joven, muy formal, cuyo marido muere en un accidente de tránsito. Poco después, la viuda inconsolable descubrirá que en un barrio bohemio de la misma ciudad el finado dejó... un viudo inconsolable. Esta parte ocupa la primera mitad del relato, y es la mejor.

El título original, sin embargo, debe traducirse como plural: «Las hadas ignorantes». De ese modo parece discutir (o poner en discusión, como gustan decir ahora) la proclamada sabiduría gay, sobre todo en cuanto a la conveniencia o inconveniencia de decirles la verdad a aquellos que uno ama. La mujer vivió feliz mientras ignoraba los deslices de su marido, como también creció feliz, ignorando los escarceos largamente mantenidos en secreto de su madre viuda con un vecino casado. Pero ahora un muchacho vive sufriendo, y se está dejando morir, porque cree que su amante lo abandonó sin piedad, cuando lo cierto es que murió hace tiempo, acaso con su nombre en los labios, y sus amigos no se lo quieren decir «para no lastimarlo más». Igualmente, sólo la primera mitad, que parece un telefilm a la americana, mantiene las expectativas. La segunda, en cambio, parece un divague napolitano, y se diluye y estira inútilmente entre varias situaciones de la familia optativa del difunto. Algo que se anticipa justo a los 45 minutos, cuando la pobre mujer dice, medio con resignación, «ya no me tomo más nada en serio», y a partir de ahí un frikerío meridional ostentoso se apodera de Nazim Hikmet, Violeta Parra, el argumento, y lo que venga, incluyendo el propio sentido estético que había demostrado el director Ferzan Ozpetek con su primera obra, «El baño turco», que decía casi lo mismo, pero con más estilo.

Hay un chiste. Un travesti de enormes pechos insiste en volver a Catanzaro (de donde había salido años antes, todavía hombrecito), para ver a su abuela que cumple los 99. Entonces le dicen la verdad: «Cuando te vea, no llega a los cien».

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