14 de agosto 2002 - 00:00
El hijo de Palito se prueba en el cine desafiando reglas
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Escena del film
Periodista: Usted dijo que se fue porque las clases lo aburrían ¿Cómo cayó eso en la Universidad?
Luis Ortega: No sé, porque no volví más. La universidad es un espacio muy fácil para que cualquier joven se achanche y crea que ser culto lo va a salvar de algo. Los estudiantes sentados dicen esto es bueno, esto es malo, y la acción pasa por otro lado. Pero la verdad es que me fui por incapacidad de estar sentado, retener información, y cumplir obligaciones.
P.: En «Caja negra» usted ignora varias reglas básicas de cualquier clase de cine.
L.O.: Sí, el eje no se debe saltar, hay que hacer foco, mover bien la cámara... Yo sentía que ya me las iba a arreglar, y como principiante creo que en este caso la ignorancia nos jugó a favor. Hasta ganamos unos premios. Pero nunca recomendaría esto como ejemplo, ni pretendo boicotear a la Universidad.
P.: ¿Y qué le recomendó su padre, Palito Ortega?
L.O.: Me dijo una sola cosa: «Después rompé todas las reglas que quieras, pero empezá con un plano general». Simple, sabio, vale por todo un año de estudios. Siempre conviene un plano general de la situación. Igual empecé con planos cerrados. Se me impusieron unos personajes, y como principiante pude elegir cómo iba a mostrarlos: ofreciendo una historia mínima, poniendo pocos diálogos, gente de barrio. Casi todo está filmado en San Telmo. Es mi mundo, y no podía mostrar otra cosa. Y sin mayores explicaciones, que la gente no diga ah, éste sufre porque es rico, o porque es pobre y no tiene amigos, nada de eso.
P.: Es decir...
P.: A propósito, aparte de Dolores Fonzi, ¿se sigue viendo con los demás intérpretes de su película?
L.O.: Somos como una familia. La idea de nuestra productora Villa Vicio es trabajar en familia. Por eso me gustó presentar «Caja negra» en Mar del Plata, adonde pudimos viajar todos juntos, llevando a Eduardo Couget, que con sus problemas motrices nunca había viajado, y menos en avión, y pudimos ver cómo el público del auditorio lo ovacionaba. Cuando después alguien le preguntó qué había sentido haciendo la película, dijo «Sentí que servía para algo». Eso no se paga con nada. Lástima Eugenia Bassi, la viejita, que tenía 99 Viene de Tapa años y murió después del rodaje.
P.: Yo pensaba en Jorge Polaco...
L.O.: Me hablaron de sus películas, debo verlas. Pero todavía no me les animo.


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