3 de febrero 2000 - 00:00
"EL HOMBRE BICENTENARIO"
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P ara tener en cuenta: la base de este film no sólo está en el cuento homónimo de Asimov, sino también en la novela que éste escribió con Robert Silverberg, «El hombre positrónico». La adaptación aprovecha elementos de ambas obras, logrando integrar de ese modo una reflexión social y una historia de amor. Es decir, los seguidores de Robin Williams encontrarán pocas risas, y los de Isaac Asimov encontrarán un romance agregado.
De todos modos, resulta atractiva la experiencia de un robot que evoluciona hasta ser
reconocido como humano, e incluso hasta unirse a la biznieta de su dueño primitivo. Detrás de la historia, y de sus buenos efectos especiales (sobre todo en materia de maquillajes), resuena una curiosa parábola sobre la propia sociedad norte-americana.
pero pronto demuestra suficiente inteligencia, inventiva y sensibilidad como para ir cambiando de status, hasta que, alentado por su dueño, alcanza la autodeterminación. El siguiente paso es dejar de ser legalmente una propiedad. La evolución de nuestro persona-je será acompañada por una mayor humanización (a nivel complejidad de sentimientos), y una transformación paulatina, desde la inicial constitución mecánica hasta una constitución predominantemente biológica. A partir de allí, se irá dando una relación de diá-logo casi entre iguales, llegando a niveles de amistad, y algo más. Este algo más es lo que justifica que Williams salga de adentro del robot y que Em-beth Davidtz se enamore de él, y no sólo de sus chistes. Y aquí, el trasfondo. Evidentemente el asunto remite a la historia de los negros norteamericanos, por lo menos desde la época en que ni siquiera se creía que tuvieran alma (al menos esto decían los esclavistas para tratarlos como objetos). La literatura de ciencia ficción permite hacer esas interpretaciones, y además hay que tener en cuenta que Asimov escribió su cuento justo para el bicentenario de la independencia. Coherentemente, la versión cinema-tográfica que ahora vemos tiene reminiscencias de aquellas excelentes miniseries televisivas que supieron hacerse justamente para el bicentenario.
Lástima que también parezca tener la duración y, por momentos, el ritmo de una mini-serie.




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