10 de agosto 2004 - 00:00

El influjo permanente de Deira

Ejemplo del arte de Ernesto Deira, destacado integrante de la Nueva Figuración a quien se le consagra una retrospectiva homenaje.
Ejemplo del arte de Ernesto Deira, destacado integrante de la Nueva Figuración a quien se le consagra una retrospectiva homenaje.
Hoy, a las 19, se inaugura «Perfiles», muestra de pinturas, pasteles y dibujos de Ernesto Deira, en amalga.arte (Libertad 1389). Deira nació en Buenos Aires en 1928, vivió en Europa desde mediados de los '70 y falleció en París en 1986. Había abandonado su profesión de abogado en 1954 para dedicarse plenamente al dibujo y la pintura.

En 1960, participó en la Primera Exposición Internacional de Arte Moderno.

Había recurrido a elementos del informalismo, aplicando lo gestual, las chorreaduras y el color en la tela, en forma directa. En 1961, en la galería Peuser, expuso en la muestra «Otra Figuración», junto a Jorge de la Vega (1930-71), Rómulo Macció (1931) y Luis Felipe Noé (1933), artistas que, según ellos mismos, concebían el arte «casi como un lenguaje abstracto pero referido a un contorno figurativo». Rompieron esquemas, utilizaron nuevos materiales y eliminaron la representación directa de la realidad. Concibieron estructuras complejas y emplearon bastidores con formas inusuales. Siguiendo el camino iniciado por los informalistas, la Neofiguración derribó los últimos prejuicios acerca de la belle peinture, el cuidado de los detalles, la unidad de la obra, la alienación creadora, con telas violentas y espontáneas, pero de factura firme, ensimismadas de angustia por la fragilidad humana y teñidas al mismo tiempo, de un humor que rozaba el sarcasmo.

La Neofiguración fue siempre para Deira una actitud de rebeldía, caracterizada por su burla e indignación ante los aspectos de la realidad exterior. Una realidad vista por un hombre pleno e inteligente que, por ejemplo, introdujo a McLuhan en la Argentina. En la Neofiguración, bajo el lema «Incorporar la libertad de la figura», Deira se enroló con quienes privilegiaban la materia.

Hay un primer momento en su obra vinculado a la problemática del manierismo, del siglo XVI -cortesano, aristocrático- que imperaba en los países de Europa. Desintegrabala estructura espacial unitaria renacentista, en distintas escalas y diferentes valores espaciales. En las telas y los frescos, el dibujo conservaba un dominio esencial y se distanciaba de la traducción de la realidad. Los cuerpos humanos aparecían alargados, distorsionados o quebrados.

Esta plurifocalidad fue una ruptura valiente con el realismo, y fue su rechazo por el dogmatismo lo que marcó el período lineal de Deira: la ausencia de sentidos y la preocupación por la materia. Sus telas se inspiraron en los lineamientos del pintor danés Asger Jorn (1914-73), y en otras figuras del grupo Cobra. El movimiento, fundado en París, en 1948, y disuelto tres años más tarde, adoptó el nombre de las capitales de los países de sus miembros (Copenhague, Bruselas y Amsterdam).

Descendientes del Informalismo, el Expresionismo y el Surrealismo, los pintores del grupo Cobra defendieron un arte opuesto a todo intelectualismo y a toda tradición pictórica, y se interesaron en la espontaneidad. No obstante su fugaz duración, el movimiento logró una fuerte influencia como anticipador de la Nueva Figuración, corriente afianzada a comienzos de la década del '60, sobre todo en América latina. La Nueva figuración (término acuñado, en 1957, por el crítico italiano
A. Perilli, que su colega francés Michel Ragon abreviará, en 1961, por Neofiguración), trató la figura real como una forma abstracta. Sus imágenes buscaban presentar los hechos cotidianos, y no sus apariencias, dentro de un discurso interesado en lo social. Como los Cobra, Deira buscó destruir la forma como rechazo al arte desprovisto de intención crítica y compartió el elemento satírico de los europeos. Desde los años '70, sin olvidar sus principios antifigurativos, se propuso abandonar la deformación violenta y una progresiva coherencia en el color. Fueron así las obras suyas que se presentaron en una muestra en el Camden Art Center, en Londres, en 1971 («Art in Argentina»). Trabajó en torno de la imagen del hombre, pero para desestructurarla y distorsionarla, en figuras y partes en movimiento fragmentadas.

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