7 de septiembre 2000 - 00:00

"EL MAR DE LUCAS"

E n su debut como realizador, Víctor Laplace ha hecho el tipo de película que más claramente lo representa, y que el público mira con simpatía: una historia amable, sencilla, de tono popular, con personajes bien construidos y gancheros e intérpretes queridos, muy en papel, algunos de ellos ( Tincho Zabala, Marcos Zucker, Antonio Carrizo) en mínima pero cordial participación, como una especie de apoyo al amigo actor de tantos años. En esa historia, Laplace interpreta a un hombre que justo cuando está con los amigos festejando su cumpleaños, descubre que es abuelo y que su hijo ( Pablo Rago), desde hace tiempo resentido con el padre, ahora lo necesita --aunque no quiera reconocerlo-, para enfrentar juntos a un funcionario coimero. Ambos temas, el choque familiar y la cuestión pública, se combinan debidamente, al tomar como eje la figura del joven veinteañero, en algunas cosas más maduro y más preparado que el padre, pero menos habilitado para llevar adelante su hogar y sus empeños. Lo frenan, precisamente, el modelo paterno en discusión (y bien que se discute), típicamente setentista, bastante irresponsable, y el sistema burocrático nacional, sólo apto para ciertos políticos y funcionarios que viven a costas de los sueños ajenos, encareciendo las cosas y arrogándose méritos que no les pertenecen.
Para esta clase de sujetos, los héroes de la película encuentran una respuesta simbólica pero contundente, acaso la única posible desde su posición de indefensos ciudadanos. Es un gesto, que además los une, en una comedia sentimental que no pretende una estricta verosimilitud, sino más bien la celebración de los gestos, afectivos, anticoercitivos y, en ocasiones, también un poco cameleros. Se habla bastante y muchas veces los diálogos caen en ciertos lugares comunes, pero lo que finalmente queda son, precisamente, los gestos en especial los de brindis, de entrega o de desprecio.
En conjunto, la obra tiene sus defectos, pero también su gancho. Con sus más y sus menos es la clara expresión del carácter afable y sincero de su autor y de lo que el público espera de él. No decepciona.

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