El Museo Moderno inauguró nueva biblioteca con más de 7.000 títulos

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Especializada en el arte de los siglos XX y XXI, estará abierta al público en general.

El Museo Moderno estrenó la semana pasada una biblioteca de 7.000 volúmenes dedicados al arte de los siglos XX y XXI, un flamante espacio remodelado para albergar dentro del amplio subsuelo del edificio. Durante años uno de los mayores tesoros bibliográficos del país en su temática, creado en la década del sesenta, ocupó un lugar provisional en la calle Alsina y hasta llegó a estar, inclusive, un tanto descuidado y empaquetado, en una oficina del Teatro San Martín. A partir de ahora el acceso dentro del propio Museo facilitará las visitas del público en general y, sobre todo, de los investigadores, curadores, críticos, galeristas, artistas y estudiosos, que cuentan con un lugar cómodo. El gran aporte de las bibliotecas son los datos, la información confiable a la cual recurrir para corroborar dudas o certezas. Si bien desde los tempranos años 90, la Fundación Espigas despertó el interés por resguardar el material documental del arte latinoamericano y, junto con el Premio Fundación Telefónica a la Investigación, impulsó estudios y publicaciones especializadas, hoy, en medio de la aceleración de los tiempos que corren, reina por momentos una llamativa confusión. Tan sólo la investigación permite pisar en terreno firme.

Dejando de lado las cualidades artísticas, en nuestro país y en estos últimos días, cualquier amante de la verdad puede descubrir qué hay de cierto en la historia de vida de Santiago García Sáenz, y advertir que se ha tergiversado. Los curadores de la muestra del Fortabat, con el aval de la galería y los herederos del artista, se empeñaron en negar la santidad y la vocación religiosa de los años de mayor producción y prolongaron el “destape” de la alucinada década del 80. Otro ejemplo notable es la publicación de un artículo donde se cuestiona: “¿Quién es Rubén Santantonín?”. La pregunta coloca a uno de los más brillantes artistas de la década del 60, coautor de La Menesunda junto con Marta Minujín, prácticamente en el lugar de un desconocido. Por lo demás, al culminar la semana pasada se sumaron las discusiones acerca de quiénes integraron los grupos Otra Figuración y Nueva Figuración. Es decir, fue preciso aclarar que quienes en esos tiempos de la abstracción total buscaban el retorno a la figura humana, Ernesto Deira, Rómulo Macció, Jorge de la Vega y Luis Felipe Noé, con Carolina Muchnik y Saameer Makarius, expusieron sus pinturas la galería Peuser y el grupo se denominó Otra Figuración. Posteriormente, Nueva Figuración se llamó el grupo integrado tan sólo por Deira, Macció, De la Vega y Noé.

Todos estos errores se pueden evitar con una visita a la biblioteca, con entrada gratuita y reserva previa (en museomoderno.org). Justamente, durante la apertura se mencionó la aspiración de tener “una biblioteca viva, dinámica, que busca posicionarse como espacio de encuentro, educación, reflexión y difusión del arte moderno y contemporáneo, y como referente local y regional en su temática, con la colección bibliográfica, la hemeroteca y el archivo que reúne valiosos fondos documentales del Museo porteño”. Entre los investigadores que han seguido los avatares de este tesoro bibliográfico, hay un artista interesado en los bocetos de diseño de una bella mesa que el artista belga Vantongerloo le envió al coleccionista Ignacio Pirovano. Según aseguran, desde hace años y durante gestiones anteriores, estuvieron guardados en una carpeta. Si bien la mesita que pertenece a la colección del Moderno la realizó un carpintero argentino, el diseño de Vantongerloo posee un inestimable valor estético y, desde luego, económico. La biblioteca ya tiene un cliente firme.

Por otra parte, gracias a la Fundación IDA, dedicada a Investigación en Diseño Argentino y creada hace ocho años, resulta posible estudiar las obras de los creadores de esta disciplina. Recientemente, junto con el Museo Moderno, recorrieron centenares de desfiles de modas, ambientaciones y performances de Sergio de Loof, un diseñador de culto del underground porteño. Además, una publicación reciente de IDA en conjunto con el Malba y consagrada a la década del 60, logró reunir los afiches de la compañía Meca, algunos hasta ayer traspapelados. Allí están los artistas Dalila Puzzovio, Charlie Squirru y Edgardo Giménez cuando en la calle Florida cuestionaban: “¿Por qué son tan geniales?”, y también la provocativa respuesta de Squirru: “Porque antes y después de nosotros no hay nada”. La propietaria de los carteles de Meca, los encontró gracias a la directora de patrimonio del Moderno que los rastreó para ordenar los errores de gestiones anteriores.

Finalmente, Buenos Aires estrena un espacio que contribuirá a difundir y consolidar los valores más genuinos de nuestro arte moderno y contemporáneo, muchos, por desgracia, olvidados.

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