5 de marzo 2007 - 00:00
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Zuhair Jury,
megáfono en
mano, y Miguel
Angel Estrella
con su mate,
durante el
rodaje. «A veces
la realidad es
brutal, pero no
por eso voy a
representar
cuando
amenazaron con
cortarle las
manos con una
sierra, porque
estaría haciendo
otra película»,
dice el director.
P.: Entonces...
Z.J.: El iba en camión por los pueblos, tocaba Haydn, Bach y Beethoven bajo los algarrobales. Así comienza la película (y termina con el propio Estrella hablando a cámara). Pero no sólo llevaba la música. En su amor por la gente aprovechaba para hacer docencia, quería que aprendieran a leer y escribir, mejorasen el cultivo primario de sus huertas, no se dejasen estafar por los acopiadores. Cumplía una militancia peronista desde la zona más respetable y humanista que podríacontener, mejor dicho, que contiene el peronismo. Esto lo relaciona con dirigentes de ingenios azucareros cerrados, luego detenidos y muertos, y con un activista que se hizo montonero y se terminó suicidando en el aeropuerto de Carrasco. Estrella pasó dos años en la cárcel Libertad (qué nombre irónico) de Uruguay, hasta que Yehudi Menuhin y otros artistas lograron salvar su vida.
P.: El proyecto obtuvo el primer premio del Concurso del Bicentenario organizado por el Incaa.
Z.J.: Ni me hable. Recién ahí tuve conciencia de lo denso de la producción, porque lo veremos con indígenas, con autoridades, compañeros ocultos, una condesa en los caminos, en salones, en teatros. Y todo decidimos filmarlo en Tucumán, donde él se formó. Todas las locaciones son tucumanas, aquí hallamos hasta hermosas muestras de una arquitectura francesa exquisita, propia de la gran época de los ingenios, que nos vienen bien para representar la etapa de estudiante en Paris. Y casi todos los actores son de Tucumán, salvo el protagonista, Sebastián Blanco Leis, discípulo y continuador de Carlos Gandolfo, que aprendió a tocar piano para esta película.
P.: ¿Utilizó también actores no profesionales?
Z.J.: A modo de pequeña imitación de la obra de Estrella, decidimos filmar en el penal de Villa Urquiza, trabajando con los presos como actores y extras, y hasta constructores de la escenografía. Para eso, con la colaboración del gobernador, el ministro provincial de Cultura y el director del penal, compartimos diálogos con los interesados. Filmamos también en Amaicha, a 2000 metros de altura, con el piano. Estamos representando Buenos Aires, París, Montevideo, cuatro décadas, con más de 500 vestuarios y 68 decorados, en su mayoría con un piano. Diversos pianos, de diversa categoría, de 700 kilos promedio. Y subir y bajar y llevar y traer. Por suerte tengo a Gabriela Chistik como directora de arte.
Y esto agrega, precisamente, Chistik:
G.C.: Es notable el entusiasmo con que los internos construyen una celda especial, de seis paneles desmontables para la filmación, bajo guía de mi equipo y del jefe de producción de los talleres del penal (muebles de caña, carpintería, herrería, etc.). Estaba muy asustada porque, siendo mujer, debía dirigirlos, pero está siendo una experiencia increíblemente satisfactoria. De esta experiencia, que es nueva para todos, Horacio Labraña rueda un documental paralelo, porque es algo muy relacionado con el mensaje esencial de la película. Además soy pragmática, cero new age, pudimos haber filmado en Caseros, pero faltaría la energía, la vibración de una cárcel habitada.
P.: ¿Cómo dispusieron los distintos espacios de la película?
G.C.: Armamos tres universos: carcelario, urbano, y del algarrobo. De éste filmamos en Amaicha. Del urbano, en el despacho de casi todo el mundo, en el Teatro Alberdi, que es un Colón chiquito, en la Casa de Gobierno, cuyo Salón Blanco es una réplica del Salón de los Espejos de Versailles, etc.. Lo difícil fue encontrar calles sin árboles (por algo Tucumán es el Jardín de la República). Y hemos usado, comprado, refaccionado, cerca de doce pianos, hemos traído de Buenos Aires un luthier y un equipo específico para cargarlos. Moverlos es complejo, delicado. Suerte que todos conocen a Estrella y apoyan el proyecto. En suma, la película tiene de todo: romance, paisajes espectaculares, tiros, mucho arte, gran música, y detalles de mucha fidelidad, como los overoles de los internos, copiados del que Estrella usaba cuando estuvo preso. Se lo llevó de recuerdo.


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