5 de marzo 2007 - 00:00

"El piano mudo": el cine recrea la vida de Estrella

Zuhair Jury,megáfono enmano, y MiguelAngel Estrellacon su mate,durante elrodaje. «A vecesla realidad esbrutal, pero nopor eso voy arepresentarcuandoamenazaron concortarle lasmanos con unasierra, porqueestaría haciendootra película»,dice el director.
Zuhair Jury, megáfono en mano, y Miguel Angel Estrella con su mate, durante el rodaje. «A veces la realidad es brutal, pero no por eso voy a representar cuando amenazaron con cortarle las manos con una sierra, porque estaría haciendo otra película», dice el director.
Tucumán (Enviado especial) - Entró en su etapa final el rodaje de «El piano mudo», película sobre el músico y humanista Miguel Angel Estrella que está realizando en Tucumán el cuyano Zuhair Jury, hermano de Leonardo Favio. Estrella conduce la Fundación Música Esperanza, que cobija a necesitados de Africa, Medio Oriente e inclusive de Europa, y continúa, como es su costumbre, tocando en pueblos, cárceles y hospitales.

«El título alude a una vez que, estando preso en Uruguay, la Corona Británica le envió a Estrella un piano, y los guardiacárceles se lo descuajaron y le entregaron solo el teclado», explica el autor, agregando: «Lamentablemente, parte de la historia transcurre en el presidio. Pero eso no es lo principal, sino contar cómo un hombre puede trascender todos los muros. Nada más».

Periodista: ¿Podría explicar esa idea?

Zuhair Jury: No me interesa angustiar al espectador, lo que quiero es que la gente vea a un ser humano digno de elogio. En mis tiempos teníamos arquetipos, aunque sea de ilustración fácil, pero decíamos «qué nobleza», «qué conmovedor este artista». Eso es lo que busco. Cierto que a veces la realidad es brutal, pero no por eso voy a representar, por ejemplo, cuando amenazaron cortarle las manos con una sierra, porque estaría haciendo otra película. No vivo en constante misticismo, pero creo que el hombre es un milagro que camina, lástima que a algunos una fuerza impelente los lleve a ser ruines.

P.: ¿Conocía personalmente a Estrella?

Z.J.: Conocía sus acciones, pero no en profundidad. Un día me llamó Claudio Ramos y me invitó a tomar este tema. El ha sido un impulsor, un entusiasta, el proyecto nació de él. Puesto a interesarme, encontré que la vida de Estrella tenía que ver conmigo. Dos cosas nos son familiares: el humanismo y haber salido de la pobreza a través del arte y el amor a la cultura. Pero Estrella tuvo además una vida convulsionada, un via crucis con siete días de tortura monstruosa, y siete meses sin sensibilidad en las manos, que sólo alguien con un alma muy trascendente puede soportar.

P.: Entonces...

Z.J.: El iba en camión por los pueblos, tocaba Haydn, Bach y Beethoven bajo los algarrobales. Así comienza la película (y termina con el propio Estrella hablando a cámara). Pero no sólo llevaba la música. En su amor por la gente aprovechaba para hacer docencia, quería que aprendieran a leer y escribir, mejorasen el cultivo primario de sus huertas, no se dejasen estafar por los acopiadores. Cumplía una militancia peronista desde la zona más respetable y humanista que podríacontener, mejor dicho, que contiene el peronismo. Esto lo relaciona con dirigentes de ingenios azucareros cerrados, luego detenidos y muertos, y con un activista que se hizo montonero y se terminó suicidando en el aeropuerto de Carrasco. Estrella pasó dos años en la cárcel Libertad (qué nombre irónico) de Uruguay, hasta que Yehudi Menuhin y otros artistas lograron salvar su vida.

P.: El proyecto obtuvo el primer premio del Concurso del Bicentenario organizado por el Incaa.

Z.J.: Ni me hable. Recién ahí tuve conciencia de lo denso de la producción, porque lo veremos con indígenas, con autoridades, compañeros ocultos, una condesa en los caminos, en salones, en teatros. Y todo decidimos filmarlo en Tucumán, donde él se formó. Todas las locaciones son tucumanas, aquí hallamos hasta hermosas muestras de una arquitectura francesa exquisita, propia de la gran época de los ingenios, que nos vienen bien para representar la etapa de estudiante en Paris. Y casi todos los actores son de Tucumán, salvo el protagonista, Sebastián Blanco Leis, discípulo y continuador de Carlos Gandolfo, que aprendió a tocar piano para esta película.

P.: ¿Utilizó también actores no profesionales?

Z.J.: A modo de pequeña imitación de la obra de Estrella, decidimos filmar en el penal de Villa Urquiza, trabajando con los presos como actores y extras, y hasta constructores de la escenografía. Para eso, con la colaboración del gobernador, el ministro provincial de Cultura y el director del penal, compartimos diálogos con los interesados. Filmamos también en Amaicha, a 2000 metros de altura, con el piano. Estamos representando Buenos Aires, París, Montevideo, cuatro décadas, con más de 500 vestuarios y 68 decorados, en su mayoría con un piano. Diversos pianos, de diversa categoría, de 700 kilos promedio. Y subir y bajar y llevar y traer. Por suerte tengo a Gabriela Chistik como directora de arte.

Y esto agrega, precisamente, Chistik:

G.C.: Es notable el entusiasmo con que los internos construyen una celda especial, de seis paneles desmontables para la filmación, bajo guía de mi equipo y del jefe de producción de los talleres del penal (muebles de caña, carpintería, herrería, etc.). Estaba muy asustada porque, siendo mujer, debía dirigirlos, pero está siendo una experiencia increíblemente satisfactoria. De esta experiencia, que es nueva para todos, Horacio Labraña rueda un documental paralelo, porque es algo muy relacionado con el mensaje esencial de la película. Además soy pragmática, cero new age, pudimos haber filmado en Caseros, pero faltaría la energía, la vibración de una cárcel habitada.

P.: ¿Cómo dispusieron los distintos espacios de la película?

G.C.: Armamos tres universos: carcelario, urbano, y del algarrobo. De éste filmamos en Amaicha. Del urbano, en el despacho de casi todo el mundo, en el Teatro Alberdi, que es un Colón chiquito, en la Casa de Gobierno, cuyo Salón Blanco es una réplica del Salón de los Espejos de Versailles, etc.. Lo difícil fue encontrar calles sin árboles (por algo Tucumán es el Jardín de la República). Y hemos usado, comprado, refaccionado, cerca de doce pianos, hemos traído de Buenos Aires un luthier y un equipo específico para cargarlos. Moverlos es complejo, delicado. Suerte que todos conocen a Estrella y apoyan el proyecto. En suma, la película tiene de todo: romance, paisajes espectaculares, tiros, mucho arte, gran música, y detalles de mucha fidelidad, como los overoles de los internos, copiados del que Estrella usaba cuando estuvo preso. Se lo llevó de recuerdo.

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