"EL PRECIO DEL SILENCIO"

Espectáculos

«El precio del silencio» («The Deep End», EE.UU., 2001, habl. en inglés). Dir.: S. McGehee y D. Siegel. Int.: T. Swinton, G. Visnjic, J. Tucker, P. Donat, D. Reese.

L a atormentada ama de casa que personifica Tilda Swinton en «El precio del silencio» tiene muchos problemas: su hijo homosexual acaba de accidentarse junto a su amante borracho, y ella tiene miedo de que se entere su marido, el intolerante capitán de un portaaviones. Las cosas empeoran con un muerto y una extorsión, pero no todo es tan malo: a todo el mundo le gustaría ser chantajeado por alguien tan generoso y desinteresado como el maleante de poca monta encarnado por Goran Visnjic.

El hampón no sólo salva al abuelito de la familia dándole los primeros auxilios cuando sufre un ataque cardíaco, sino que también, al ver que ella no puede juntar los 50 mil dólares exigidos por él y su socio, le anuncia que renuncia a su parte y que sólo tiene juntar la mitad que le toca al otro. Sólo falta que él mismo le preste el dinero para pagarle a su colega, extrañamente indiferente de las necesidades de la pobre señora.

Así contada, la trama parece muy poco alentadora. De hecho, si se profundiza el análisis, el lector no tardaría en descubrir que cada detalle policíaco del argumento de este film neo-independiente de la división de cine «de qualité» de la Fox hace agua por todos lados. La triste realidad es que como thriller la película se va a pique antes de la media hora de proyección. La pregunta es por qué entonces tanta gente premió o dijo maravillas de
«El precio del silencio», para colmo una remake de una obra de Max Ophuls, uno de los maestros más olvidados del melodrama, el thriller retorcido y el erotismo sofisticado. La respuesta es que hay un tono refinado en algunas de las actuaciones, y en cada detalle de la fotografía y la música (ambos rubros hacen un aporte superlativo) además de una amanerada dirección de arte, que si bien no sirve para darle credibilidad a los personajes, ayuda a fabricar un falso tono de film de arte imprescindible para que quienes creen que un drama serio es algo más importante que un policial se sientan a gusto en cada minuto de la proyección.

Diferencias

Ophuls era un director que jamás se acercaba al gran drama sin antes haberle entregado al espectador una muestra del género en el que se basaba cada uno de sus films, ya sea un melodrama como «Carta de una enamorada» o un thriller tortuoso como «Caught!». Los co-directores McGehee y Siegel, en cambio, sólo se preocuparon por los primeros planos de una gran actriz como Tilda Swinton («Orlando»), por cada cuadrito y cortinita del decorado, porque cada uno de los reflejos del lago donde transcurre buena parte de la acción esté acompañado por un acorde de música excepcional.

Pero cualquier viejo lector del Séptimo Círculo pronto se estará burlando de todos los detalles argumentales del film. Por eso, lo mejor es avisarle a los fans del suspenso que van a ver un policial para señoras, sofisticado, refinado y apenas ligeramente pasional.

Dejá tu comentario