2 de diciembre 1999 - 00:00

"EL PROYECTO BLAIR WITCH"

C on la misma técnica con la que millones de veraneantes anónimos, todos los años, prueban sus videocámaras portátiles en la playa o en la monta-ña, dos egresados de la carrera de cine de Orlando, Florida, tuvieron la idea de filmar una humilde historia de terror ambientada en un bosque, con tres amigos suyos como actores, y lograron una película que, sólo en los EE.UU., recaudó más de 100 millones de dólares (el dinero no lo ganaron ellos, para su infortunio, sino la productora que final-mente tomó los derechos de explotación comercial).
No sólo gracias a una impresionante publicidad previa, potenciada por su página en Inter-net y las recomendaciones personales, debe su éxito «El proyecto Blair Witch». La película es muy eficaz, y cuanto menos se sepa de ella antes de verla, mejor. Seguramente, en un video podría perder gran parte de su efecto, que se amplificará en cambio en una sala a oscuras y hay mucha oscuridad en la película-con todo el público entregado al placer del sufrimiento.
La historia es sencilla: son tres estudiantes de cine muy jóvenes, dos hombres y una mujer, que salen a los bosques de Maryland para filmar un documental, la leyenda de la bruja Blair, que piensan presentar como trabajo de graduación. Hay testimonios de los lugareños a cámara, todo muy rudimentario y casero, repetidas tomas donde se filman unos con otros mientras preparan el trabajo; después, los estudiantes se pierden en el bosque, como les ocurría a las legendarias víctimas de sus investigaciones y, desde luego, a la noche y a lo lejos, en las carpas, se empiezan a oír algunos ruidos que no son ni de animales ni de humanos. Y esa es sólo la prime-ra noche de las varias que se sucederán. Se supone que todo ese material en crudo que estamos viendo en el cine fue el que se encontró en los bosques, en 1994, después de la desaparición de los estudiantes.
La técnica del escamoteo visual de la fuente del terror no es nueva, y fue utilizada por incontables películas del género; lo del epigrama clásico: «los fantasmas más terribles y horrorosos son los que provienen de la mente». Los directores de «Blair Witch» hicieron de este principio el alma de su obra, y demostraron cómo se juega con él. Los únicos detalles verbales que conocemos de la «criatura» de esta Hansel y Gretel minimalista se los debemos a la loca del pueblo («la bruja tiene brazos velludos, como de oso, y le gusta que su futura víctima, antes de morir, esté en un rincón mientras mata a otro») y, a falta de efectos especiales, la mortecina luz de la videocámara sobre el pasto y las ramitas, a la noche, y algunos muñequitos vudú, se encarga de suplirlos.
Si en un film como
«La celebración» podía llegar a molestar la gratuidad «nerd» de la cámara en mano (que no hacía otra cosa que distraer fastidiosamente de una historia apasionante), en «Blair Witch», en cambio, su empleo es irreemplazable como fundamento de la verosimilitud. Aquí no hay «citas cinéfilas» ni humor de ninguna especie ni ninguna de las habituales autocomplacencias de los capitanes del género.
El obsesivo efecto de realidad del que no se quieren apartar sus directores puede parecer forzado en algún momento (¿quién tiene ganas de seguir filmando en medio de una crisis de angustia, como cuando pierden el mapa?), aunque gracias a él la película derrotó en adhesiones y entradas vendidas, con sus escasos medios y sus rudimentarios procedimientos, a las truculencias de alto presupuesto tan frecuentes en los últimos tiempos. En fin, que «Blair Witch» tiene todo para ser llamado film de culto, aunque ganó mucha plata como para ser aceptada en ese círculo.

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