25 de abril 2002 - 00:00

"El público me quiere pero los colegas me maltratan"

Marcela Serrano
Marcela Serrano
L a escritora chilena Marcela Serrano, invitada por la Feria del Libro, viajó a Buenos Aires para presentar su novela «Lo que está en mi corazón», finalista del Premio Planeta 2001 que fue adjudicado a la española Rosa Regás. Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Qué fue de los escritores que produjeron el boom de la literatura chilena una década atrás?


Marcela Serrano:
Me lo he preguntado porque muchos son mis amigos y me importan. Siguen escribiendo pero no han cruzado la frontera. Gonzalo Contreras, un estupendo escritor, sigue publicando, pero algo pasó que hizo que no funcionara en otros países. Lo de él ocurrió con muchos. En Chile hay gran cantidad de escritores muy buenos y la vitalidad de aquel boom está presente, pero el tema es cruzar las fronteras, porque somos literalmente el fin del mundo, y pareciera que si no se cruzan de alguna forma uno se empieza a ahogar.

P.: Los que han trascendido son los que se han ido de Chile, aunque sea momentáneamente: Isabel Allende, usted, Jorge Edwards, Luis Sepúlveda, Alberto Fuguet y Roberto Bolaño.


M.S.: Bolaño
era un niño cuando se fue de Chile, así que no lo cuente, no tiene ningún contacto con el país. En cambio Luis Sepúlveda publicó su primera novela en Chile, es uno de nosotros, aunque muchos chilenos hasta hace unos años no sabían que existía. Isabel Allende, por más que viva en Estados Unidos está permanentemente, comenzó a escribir en Chile y era una figura del periodismo antes de ser escritora. Edwards hoy vive en Chile. Bueno, a Gabriela Mistral le dieron el Nobel antes que el Premio Nacional de Literatura chilena. Isabel Allende lleva 20 años publicando y recién este año está por primera vez postulada al Premio Nacional. Eso da una idea de qué pasa con Chile y sus escritores.

P.: ¿Eso no es algo habitual en el mundo?


M.S.:
No, no pasa en países grandes. En México no pasa, porque es tan grande, porque hay espacio para todos. Nosotros somos muy chicos y las envidias son feroces. Cada vez que publico una novela, los lectores en Chile me hacen sentir querida, pero hay escritores que me maltratan, escriben artículos horrorosos, atroces sobre mí. Me pregunto por qué puedo producir esa ira, por qué pueden destilar ese rencor. Eso me pasa permanentemente.

P.: No sólo usted se ha ido a vivir a México, donde su marido es embajador, sino que
sus personajes están siempre en fuga.


M.S.:
Absolutamente. Esto no es casual, es una obsesión que se me repite. Creo que el espíritu de fuga lo voy a tener toda mi vida, viva donde viva, esté donde esté. Siempre creo que en otro lugar puedo ser más feliz. Saliendo de ese fin del mundo que es mi país comencé a sentir que era más latinoamericana que puramente chilena. No es demagogia, me siento parte de este continente en cualquier de nuestros países. Y cuando he estado en Europa esa identidad me florece.

P.: ¿Esa voluntad de fuga no es típica de las novelas de aventuras escritas por hombres?


M.S.:
El escritor que más amo, no solo por su lenguaje, también por su espíritu, es Stevenson. Si yo hubiera sido hombre me habría ido por ese lado. Pero las mujeres tenemos más plasticidad que los hombres. Tenemos la capacidad de reinventarnos cuando llegamos a ese límite donde eso es necesario. Cuando las mujeres llegan a momentos límites se rediseñan, emergen, cambian la piel. Los hombres niegan mucho, no elaboran, se reinventan menos, son menos arriesgados. Hay una argentina que me fascina, María Luisa Bemberg. Cuando supe que había hecho su primera película a los 50 años la puse entre mis heroínas. Hay que tener muchos cojones para comenzar a hacer algo tan intenso y difícil como el cine a los 50 años.

P.: ¿Cómo le fue a usted con el cine? ¿Qué le pasó cuando vio «Antigua vida mía»?


M.S.:
(Hace un gesto de preferir no hablar) Soy una gran fan del cine, veo dos películas por semana, pero me cuesta imaginarlo para mis propias novelas.

P.: ¿»Lo que está en mi corazón» podrá llegar al cine?


M.S.:
Es muy reciente, está recién aparecida, pero mi agente literario, Guillermo Schavelzon, piensa que sí.

P.: ¿Por qué la premiaron como primera finalista del Premio Planeta y no le dieron el Premio?


M.S.:
Porque no soy española (ríe), esa es la respuesta real. Soy la primera latinoamericana que lo obtiene y es un premio muy español. Siento que fue muy importante que en el 50 aniversario, donde tiraron la casa por la ventana y los reyes nos dieron los premios, mostraran con mi premio que les importaban los de acá. Además, eso me dió la oportunidad de ampliar los lectores españoles de manera magnifica, imposible para nosotros. La primera edición de «Lo que está en el corazón fue de 85 mil ejemplares, eso para nosotros es impensable.

P.: No estuvo en ese premio la intención de Planeta de sacarle a Alfaguara, su editorial habitual, una autora de bestesellers?


M.S.:
Yo nunca había concursado, nunca, le tengo miedo a los concursos, me producen angustia. Los premios que me han dado son por novela publicada, nunca por un manuscrito. Mi agente literario, Willy Schavelson, me lo propuso e insistió. Yo me defendí, de cobarde. Pero bueno, le entregué el manuscrito. Y, claro, cuando me premiaron en Alfaguara sospecharon lo mismo que usted. En todo caso, el pase le salió caro a Planeta.

P.: ¿Qué es lo clave de «Lo que está en mi corazón»?


M.S.:
La mezcla de una historia pública con una privada. La pública, lo que ocurrió en Chiapas, no es ninguna escenografia, es parte de la trama. El centro es el tema de la orfandad, es lo que me llevó a escribir. La orfandad política, de la que me siento la primera víctima. Y la otra, la que tiene que ver con las madres, con los hijos, la del desamparo mismo. Para hablar de la orfandad necesitaba de Chiapas, único lugar de América Latina donde se creyó que podía haber una nueva revolución y se trató de contradecir la historia del continente, creo que en ese lugar se juntaron los huérfanos. Es cierto que la historia pública, el hecho político, se puede escribir desde distintos puntos de vista, pero la historia personal, íntima, los sentimientos, provoca otro compromiso. Es allí donde la imaginación se larga a cabalgar. En muchos momento del día, no sólo cuando escribía, me volvía esa mujer, tan distinta a mi que me costó quererla, era Camila Sánchez.

P.: ¿Son los períodos de esquizofrenia de todo escritor?


M.S.:
Cuando se incorpora el personaje es algo muy demencial, sobre todo porque es una persona tan distinta. Mientras se escribe durante tantas horas es una persona y durante tantas otra. Ese ir y volver es una virtud de los escritores, porque la realidad es de una hostilidad tan alta que al fin de cuentas esa es la única forma eficaz de burlarla.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

M.S.: Nada. Estoy agotada por esa novela en la que me puse rigurosa, leí mucho, viajé mucho.

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