7 de enero 2004 - 00:00

"El retorno del rey"

El retorno del rey
«El señor de los anillos - El retorno del rey» («Lord of the Rings -The Return of the King», EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: P. Jackson. Int.: E. Wood, McKellen, V. Mortenssen, A. Serkis, L. Tyler, B. Hill, S. Astin, O. Bloom.

Hubo que esperar dos películas pero finalmente Peter Jackson hizo bien su tarea: «El regreso del rey» lleva al espectador al mundo de Tolkien con el aire clásico que la saga de los hobbits necesitaba. Lo mejor es que las cualidades de este film no sólo se disfrutan viendo esta brillante megaproducción sino que, como buen final, necesariamente también mejora algunos defectos de las dos partes anteriores de una trilogía que termina mucho mejor de lo que empezó.

Ya desde sus primeras escenas, «El retorno del rey» apuesta a una narrativa clásica tan ajena a las dos películas anteriores que durante los primeros 40 minutos de proyección puede haber cierta confusión entre el público. Salvo un flashback del encuentro original con Gollum y el anillo (cuando dio el mal paso que lo convierte en la horrible criatura por todos conocida), no hay acción, y en cambio a través de los sabios conceptos del Mago Gandalf, el espectador recibe con inteligente exactitud las complicadas intrigas palaciegas relacionadas con el monarca de la ciudad de Minas Tirith, un rey maligno que no teme poner en peligro a toda la humanidad por estúpidas ambiciones personales (debilidad tenida en cuenta por el Señor Oscuro, que sólo puede perder su poder si Frodo logra algo tan difícil como derretir el anillo maldito en el fuego del reino infernal).

Más allá de la lentitud de ese comienzo (el ritmo adecuado para una narración épica clásica), nadie podría acusar al film de mezquindad en acción, ya sea épica o fantástica. Esta película tiene las mejores batallas filmadas por el cine moderno, concebidas con todo el dinero que se invirtió en esta trilogía, pero también con el tiempo necesario para mejorar los efectos especiales, y con la certeza de que se puede poner todo el presupuesto en cada escena, ya que el éxito de las dos películas anteriores asegura que no hay modo de que este cierre no gane una fortuna.

Cuando en el primer film Frodo se enfrentaba al ataque de uno de esos horribles trolls, los efectos dejaban bastante que desear. A dos años, dos películas y centenares de millones recaudados en la taquilla internacional, una batalla de «El retorno del rey» puede incluir varios trolls, mamuts gigantes y ejércitos de espectros, toodo junto en un gran plano general, y todo luce perfecto, mejor que en ninguna otra megaproducción de Hollywood.

Obviamente, algunos de los puntos débiles de los dos films anteriores no podían dejar de contaminar esta película. Hay un sólo error temible de montaje similar a los de «Las dos torres», y el desaprovechado villano compuesto por Christopher Lee en las dos partes anteriores ahora es directamente soslayado. Pero muchos otros defectos de los capítulos precedentes son solucionados en este soberbio final. La música de Howard Shore, que había empezado con una remanida copia de «Carmina Burana» de Carl Off en el primer film, ahora alcanza la originalidad, fuerza e imaginación característica del músico preferido de David Cronenberg.

Y hasta el insufrible
Elijah Wood se redime de su débil caracterización de Frodo en un climax memorable donde el angelical hobbit ya es un ser endemoniado, tan aborrecible como su camarada Gollum.

No tiene sentido repasar uno por uno los momentos imperdibles de este film que dura tres horas veinte, y las escenas que directamente no quitan el aliento, simplemente están diseñadas para construir el clima y la tensión necesarios para el placer del público.

El espectador fanático de
Tolkien es el primero en beneficiarse del cuidado que puso Jackson para que ni el marketing ni los lugares comunes hollywoodenses arruinen su visión de «El señor de los anillos», por lo que algunos de los momentos más emocionantes también son los más sutiles y menos espectaculares (la llamada de auxilio de Minas Tirith, con una serie de fogatas que se encienden sucesivamente a lo largo de una cordillera, están mostradas con una exactitud y una magia que provocará escalofríos entre los fans de la trilogía).

Teniendo en cuenta que casi toda la segunda mitad del libro de
Tolkien no habla de batallas, sino de la readaptación de los hobbits a su vida normal, hay que aplaudir especialmente el coraje de Jackson por respetar este anticlimático y largo epílogo. No es lo habitual en una película épica, pero es lo que Tolkien imaginó y, por otro lado, una buena adaptación de «El señor de los anillos» sólo puede entenderse como algo excepcional. Y «El retorno del rey», lo es.

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