14 de septiembre 2004 - 00:00

El snobismo "oriental" de la clase media, a escena

José María Muscari: «Quise ironizar esta moda de comer sushi y tomar té verde, todas cosas que no nos son propias, pero que son consideradas muy cool, muy Palermo Hollywood».
José María Muscari: «Quise ironizar esta moda de comer sushi y tomar té verde, todas cosas que no nos son propias, pero que son consideradas muy cool, muy Palermo Hollywood».
"Shangay", el nuevo espectáculo de José María Muscari, ironiza sobre los clichés de la cultura del Lejano Oriente vistos desde la ignorancia y el snobismo argentinos. Ambientada en un supuesto restaurante chino («una especie de instalación mersa con todo lo que se puede encontrar en el Once»), la obra narra los últimos momentos de una pareja en crisis que comparte con el público una cena-show de dudosa estirpe oriental.

La obra se ofrece los viernes y sábados, a las 23, en el teatro Abasto Social Club (Humahuaca 3649). Tras el éxito de «Catch» -que formará parte de la próxima temporada marplatense- y luego de años de escribir y dirigir obras destinadas a elencos multitudinarios, como «Mujeres de carne podrida», «Pornografía emocional», «Derechas», «Disco» y «Grasa», esta vez Muscari decidió interpretar uno de los protagónicos de «Shangay».

Hiperactivo como siempre y con tres obras en cartel, el director ya está pensando en su próxima puesta, «Electrashock», una adaptación personal de la tragedia de Sófocles, que en principio estaría protagonizada por Inés Estévez. El estreno está previsto para mediados de febrero, en el marco del Festival Verano Porteño organizado por la Fundación Konex, que el año que viene estará dedicado a la cultura griega.

Periodista: ¿Qué es « Shangay»?

José María Muscari: Es una obra rara, empieza en el hall del teatro con una instalación plástica con todo el kitsch chino y milenario. La gente es recibida por unas camareras que le convidan té verde y maní japonés. Después el público sube al salón del primer piso y se ubica en mesas, igual que los protagonistas. Sólo hay capacidad para 60 personas.Allí pueden comer sushi y tomar vino mientras observan el drama de una pareja gay que se está separando en medio de este show de temática oriental. En plena separación aparece la madre de mi personaje para convencer al otro de que no abandone a su hijo.


P.:
¿Y cuál sería el tema central de este espectáculo?

J.M.M.: El final de un amor o las diferentes vertientes del amor. La anécdota es pequeña pero se despliega a través de varios inserts que evocan distintos episodios de la pareja: momentos en que fueron felices, escenas de sexo, escenas tiernas donde uno toca el piano para el otro, y peleas donde directamente se agarran a las piñas.


P.:
¿Por qué una ambientación oriental?

J.M.M: Quise burlarme de esta moda de comer sushi y tomar té verde, todas cosas que no nos son propias, pero que ahora son consideradas muy cool, muy Palermo Hollywood. Más que una crítica, es mi mirada sobre esta manía tan argentina de incorporar una cultura extranjera, como podría ser la china o la japonesa, confundiéndolas entre sí y sin interesarse por sus contenidos. Por otro lado, es la primera vez que planteo este contrapunto entre un show de fuerte contenido temático y actuación expresionista y una historia sensible donde recurro a una línea de actuación más realista, sin el desborde de espectáculos. La pareja protagónica tiene los sentimientos a flor de piel.


P.:
¿No teme perder público al centrarse exclusivamente en una pareja homosexual?

J.M.M: La obra trasciende la temática gay. Eso es algo que me preocupé de cotejar en los ensayos con gente que no era gay. Todos sintieron que la obra hablaba de la pareja en un sentido bastante universal, donde aparecen las preguntas de siempre: ¿qué los llevó a estar juntos? ¿por qué se hacen tanto mal en esta separación? Elegí que fueran dos hombres, porque quería ajustar esta mirada crítica sobre la modernidad, ya que lo gay también está de moda, es cool, moderno y hasta rinde comercialmente. Yo tenía muchas ganas de actuar después de tanto tiempo y encontré el espacio justo en esta obra que además es bastante autorreferencial, es mi visión del amor, del desamor y del amor gay.


P.:
¿Y la relación con la madre?

J.M.M.: También está muy teatralizada. Me causa gracia porque cuando le mostré a mi madre algunas fotos de la obra me dijo: «No la quiero ver». Vio que me estaba besando con el otro actor y no quiso saber nada.


P.:
¿Su madre fue a ver «Catch»?

J.M.M.: Sí y se divirtió mucho, pero enseguida empezó con los porqué. ¿Por qué están desnudas las chicas?


Entrevista de Patricia Espinosa

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