«Los soñadores», de Bernardo Bertolucci. El film fue lanzado, con bajo perfil, por una major como la Fox. Los independientes sienten que Hollywood les invade el terreno cuando distribuye películas de arte.
En la guerra de pantallas que se ha abierto entre el cine nacional y el norteamericano, en la que productores y exhibidores exponen sus razones mientras las autoridades del INCAA, por el momento, no saben si inclinarse a aceptar una «autorregulación» o bien imponer, por decreto, la siempre ineficaz y dirigista «cuota de pantalla», hay un tercer personaje, el más vulnerable de todos, que hasta carece de abogados defensores: el cine que no es ni argentino ni hollywoodense, el cine europeo, o el norteamericano ajeno a los grandes estudios, o el de las más variadas procedencias, y cuya difusión y aceptación en el país convirtieron a la Argentina, históricamente, en una de las plateas más cultas e informadas de América latina.
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A estas reuniones que se vienen manteniendo en el INCAA todavía no fueron invitados los distribuidores independientes pese a que, tal como está hoy la situación, una película de calidad europea, por ejemplo, tiene mucha menos fuerza para defenderse en esta estructura que una argentina. Cuando se cumplía con el sistema de «medias» (o sea, la cantidad mínima necesaria de público que debía alcanzar una película, de jueves a domingo, para permanecer una semana más en cartel), la suerte de un film era más clara. Hoy eso ha desaparecido y la continuidad de una película, por lo general, es discrecional.
El «síndrome de la segunda semana» suele apoderarse de la distribución independiente los días lunes, con las cifras de espectadores de fin de semana en mano. «Comoya no hay media, nunca se sabe lo que va a ocurrir», dijo a este diario un empresario del sector. «A veces damos por seguro, gracias a la buena respuesta de público que tuvimos, que una película nuestra seguirá en un complejo una semana más. Pero no. Desaparece sin explicaciones, o bien la mandan compartiendo sala con otra película en horarios marginales. Cuando a un film le suprimen, por ejemplo, la primera función de la noche un fin de semana, lo matan. Es así de simple».
El mismo empresario comentó: «Ahora hay otra novedad. Si los grandes estudios consideran que una película de arte, o no necesariamente muy comercial, tiene posibilidades potenciales de público, la compran y distribuyen ellos mismos. Es decir, entran con más armas en nuestro propio terreno. En los últimos meses ocurrió, por ejemplo, con 'Los soñadores' de Bertolucci, o 'Elefante' de Gus van Sant, o la chilena 'Sexo con amor', o, más increíble aun, con la brasileña 'El camino de las nubes'. «Claro, el lanzamiento que hacen de estos films es de tan bajo perfil que a veces pasa inadvertido», continuó. «Jamás estrenarían una de estas películas como lo haría un independiente, que pone todo en ellas. Salen con pocas copias, escasa publicidad, y a veces hasta en pocos territorios (México y Argentina, por ejemplo, pero no en el resto de América latina). Y, encima, les viene bien tener ocupadas algunas pantallas con esos títulos y poder estrenar allí mismo, sin conflictos, el próximo tanque».
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