21 de octubre 1999 - 00:00

"EL TRIUNFO DE LOS NERDS"

P or esas cosas de la traducciones extrañas que reciben los títulos de las películas, cuando en la Argentina de los '80 se estrenó la serie de aventuras cómicas de los Nerds, sus distribuidores locales los rebautizaron Tragas. Por eso ahora llama la atención que una película que no es parte de aquella saga protagonizada por Robert Carradine, y cuyo título evoca antes que nada a los hermanos Marx (por lo de «Una noche en...»), tenga la palabra Nerds en el título. En fin, de todos modos nadie se va a preocupar mucho por este ni cualquier otro detalle de esta comedia boba hasta decir basta, con dos hermanos discotequeros que se aman hasta el verdadero límite del incesto y que están decididos a tener su propia disco, a pesar de que son tan perdedores que ni siquiera pueden poner un pie dentro del club de moda (el Roxbury del título original).
El dúo cómico formado por
Will Farrell y Chris Kattan es tan genuinamente tonto que termina haciendo reír con sus
increíbles parodias del público de las discotecas, empezando por los interminables preparativos de ropa y peinado para salir, siguiendo con sus intentos patéticos por entrar a la disco top y culminando en las aberrantes amenazas de piropos para conquistar a las chicas del lugar.

 Anécdota pobre

Con un poco de audacia e imaginación al armar la trama, esta película podría haber conseguido su pequeño lugar en las parodias de la cultura pop al estilo de los Blues Brothers o Cheech and Chong. Pero los guionistas desaprovecharon muchos ángulos de la subcultura disco y se quedaron con una anécdota muy pobre sobre la separación sentimental entre los hermanos luego de un primer ensayo fallido de ingresar al negocio de la noche. Tal como salió, esta comedia sirve apenas para entretenimiento sorpresivo en el cable y, si bien hay que reconocer que inter-mitentemente hace reír, no lo hace tanto como para recomendar que alguien vaya a gastar al cine.
Por lo menos hay algunos intérpretes secundarios muy respetables, como el siempre eficaz
Dan Hedaya, o la incorporación del olvidado astro juvenil Richard Grieco, que al no conseguir ningún otro papel no tuvo inconveniente en aparecer burlándose de sí mismo.

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