El urbanismo también refleja la crisis actual

Espectáculos

(11/02/2002) D esde las décadas del ochenta y noventa, el profuso reciclaje del patrimonio arquitectónico heredado subordinó los criterios de preservación a los imperativos de un mercado poderoso y urgido por ganar espacio. Más que una cuestión de estilo, dado que los numerosos testimonios que dejaron estos años en toda la Argentina, pero sobre todo en Buenos Aires, oscilan entre el kitsch y la calidad, se pueden establecer diferencias de tratamiento en la restauración y remodelación de edificios y espacios públicos que fueron más o menos respetados.

Un ejemplo al azar es el reciclaje del cine Gran Splendid, que mantuvo desde el escenario hasta palcos y balcones cuando se transformó en librería, remodelación que es posible cotejar con la del Mercado del Abasto, que perdió su aura junto a la armoniosa estructura de hierro y se ha vuelto irreconocible. Se trata de dos obras que coinciden en una nueva función comercial, pero encaradas con criterios divergentes en cuanto a conservación.

El ritmo acelerado que impulsó megaemprendimientos como el de Puerto Madero, el arribo masivo de shoppings y marcas de consumo de alto vuelo que ocuparon espacios con estándares altos, la construcción de edificios glamorosos para bancos y empresas, junto a las migraciones a countries y barrios cerrados, cambiaron de la noche a la mañana la fisonomía de Buenos Aires.

Vértigo

En la actualidad, la crisis económica frenó el vértigo transformador y puso un límite inesperado a este cambio. Pausa propicia para definir objetivos y criterios urbanísticos contradictorios, como el frenesí del negocio inmobiliario que desplegó su fuerza sin encontrar resistencia, o su contrapartida, la inercia conservadora, que impidió en barrios como San Telmo, entre otros, mejorar el status y la calidad de vida de sus habitantes.
Jorge Liernur expresa el dilema con lucidez, cuando en el significativo capítulo «El imperio de la frivolidad» de su recientemente editada historia sobre la arquitectura argentina del siglo XX, plantea que coexisten posiciones aparentemente enfrentadas por razones ideológicas.

«De un lado se ubican quienes desde puntos de vista adversos a las propuestas y tendencias de la arquitectura contemporáneas reivindican en bloque los valores del pasado -observa-.
Puesta de espaldas a la realidad de los actores e intereses del campo edilicio y el fenómeno metropolitano, esta posición tropieza con su propio anacronismo y además, paradójicamente, con su imposibilidad de valorar, de establecer diferencias entre los restos de aquel pasado».

Por otro lado, están quienes se enfrentan a este «panconservacionismo» con «criterios de inspiración mercado-técnica», y
Liernur cita ejemplos de demoliciones o de «máxima explotación comercial» que, como en el caso de las Galerías Pacífico o la casa de remates Bullrich, que no se condicen con «las legítimas expectativas culturales que esos viejos edificios inspiran».

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