17 de julio 2003 - 00:00

"EL VIAJE DE CHIHIRO"

Escena del film
Escena del film
«El Viaje de Chihiro» (Sen to Chihiro no kamikakushi, Japón, 2001, dobl. al español) Dir. y guión: H. Miyazaki. Film de animación.

U n Oscar al mejor film animado, el Oso de Oro del Festival de Berlín, varios récords (como recaudar 200 millones de dólares antes de estrenarse en los EE.UU.) son datos que ayudan a entender por qué «El viaje de Chihiro» es algo serio. Como lo era «La princesa Mononoke», otro film de animación del mismo autor que, en 1997, batió records de taquilla en todo el mundo, pero sigue siendo un fenómeno de culto del underground local, porque no sólo no se estrenó comercialmente en nuestro país, sino que hasta el momento, tampoco mereció una edición en video o DVD.

Por eso, hay que destacar el milagro que permite ver «El viaje de Chihiro» en pantalla grande, sabiendo disculpar la extraña estrategia diseñada para su estreno argentino: es apta para todo público, con la advertencia de que es un «drama complejo para niños pequeños», pero igual se exhibe sólo doblada al castellano. Si ése no es el target, no se comprende por qué no se optó por lanzarla también en idioma original y subtítulos para chicos no tan pequeños y adultos atentos al buen cine. Es que todo adulto de esa clase que se pierda esta película algún día entenderá que cometió un grave error. Más grave sería si el error incluye a chicos que conocen «Toy Story» y «Blancanieves», para mencionar los más respetables.

Justamente, ese tipo de errores son una parte esencial de este relato asombroso como pocos: Chihiro es una nena de 10 años arrastrada por sus padres a un lugar pintoresco con el que se topan por azar. La atemorizada protagonista no cree que esa especie de feria abandonada sea divertida, pero los adultos no pueden percibir las cosas con la sensibilidad de su hija. Por eso no le hacen caso a Chihiro, y no dudan un segundo en abalanzarse sobre una mesa llena de manjares que obviamente no era para ellos. Quien se atreva a colarse en el festín de los dioses, sin duda tendrá su merecido: delante de los ojos de Chihiro, sus padres se transforman en cerdos, dejándola a su suerte en un delirante, por momentos espantoso y siempre imprevisible universo paralelo habitado por dragones, dioses sin cara difíciles de describir, bebés pesados en todo sentido y hechicheras explotadoras, cada uno con sus costumbres desquiciadas, surrealistas, poco elegantes e incluso francamente desagradables.

Sin entender las nuevas reglas de su gira mágica y misteriosa, Chihiro no tiene otras armas que su intuicion, su esfuerzo y su sentido común para volver al mundo real, encontrando alguna manera para que sus padres vuelvan a ser personas. «Mononoke» partía de un tono de antiguo relato épicomitológico reconocible, pero «El Viaje de Chihiro» ni siquiera le da esa seguridad al fascinado espectador, bombardeado por un increíble despliegue estético, que nunca deja de interactuar perfectamente con la trama. Si la película puede sostener tanta complejidad visual y narrativa se debe a que todo sucede con sencillez y total naturalidad, como si no pudiera pasar de otra manera, igual que cuando John Wayne aparecía a caballo en un western de John Ford. O como tantas escenas imperdibles de films anteriores de Miyazaki, como «Mi Amigo Totoro» o «Porco Rosso».

De modo que, así como en EE.UU. deben agradecer a John Lasseter («Toy Story») haberse encargado de la diplomacia de Miyasaki allí, acá hay que hacerlo con el distribuidor independiente criollo que estrena esta película, mientras esperamos una edición en video o DVD de «La Princesa Mononoke».

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