La Habana (AFP) - Cuba, y el mundo, recordaron ayer con nostalgia a una de las voces más auténticas y hermosas de su música popular, el sonero y bolerista Ibrahim Ferrer, quien murió el sábado a los 78 años, tras alcanzar la gloria con Buena Vista Social Club. «No sólo fue un gran músico, sino un excelente padre y esposo. Terminó su última gira con tremendo valor y también con mucho éxito», declaró Caridad Díaz, esposa del músico, quien dijo que el funeral se realizará hoy a la espera de un hijo que vive en la Argentina. Con la muerte de Ferrer, Buena Vista Social Club, creado por el compositor cubano Juan de Marcos y el guitarrista estadounidense Ry Cooder, pierde a su tercera estrella, dos años después del fallecimiento del compositor y cantante Compay Segundo el 13 de julio de 2003, y el pianista Rubén González el 8 de diciembre de ese mismo año.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Junto a los tres, participaron en Buena Vista Social Club Omara Portuondo (cantante), Eliades Ochoa (guitarrista), Luis 'Guajiro' Mirabal (trompetista), Barbarito Torres (tresista), Amadito Valdés (timbalero), Pío Leyva (cantante) y Orlando ' Cachaito' López (bajista).
Nacido el 20 de febrero de 1927 en la provincia de Santiago de Cuba en un hogar sencillo y humilde, Ferrer quedó huérfano a los 12 años y a los 14 comenzó su carrera musical. En 1940 se incorporó al grupo «Los Jóvenes del Son» y en la década del '50 al conjunto de Pacho Alonso y Enrique Bonne. Fue también parte de orquestas famosas como la Chepin Choven y la de Benny Moré. Luego abandonó la música y sobrevivió como lustrabotas, hasta que en la década del 90 De Marcos y Cooder lo convencieron de integrar con sus amigos en 1996 el proyecto Buena Vista Social Club. Jamás imaginó que, a esa edad, iba a terminar tocando en el Carnegie Hall de Nueva York y a ser una estrella internacional.
Dejá tu comentario