17 de enero 2001 - 00:00
Emociona un potente drama de inmigrantes
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Protagonistas de la obra
Esto es lo que proclama «La bestia en la luna» de Richard Kalinoski, a través del encuentro de los inmigrantes que logran salvarse del genocidio turco y se establecen en Estados Unidos.
Aram Tomassian, el protagonista, se casa por poder con una joven a la que no conoce, para formar una familia que suplante a la que le fue arrebatada. Lo mueven la rebeldía, el deseo de revancha y un odio del que no puede liberarse. Se ha dedicado a la fotografía y en el lúgubre comedor de su casa, un retrato de su familia masacrada, impone el peso de la desdicha.
Manuel Iedvabni se enamoró de la pieza, y eso se nota. Su marcación es apasionada y participativa. Es como si impulsara a los actores desde adentro de sí mismos.
Y el resultado es estremecedor. Iedvabni sabe que el teatro es el actor y esta certidumbre se refleja en los trabajos.
Manuel Callau se entrega con toda su alma al personaje de ese hombre al que la desventura priva de palabras y que finalmente cede a la arrolladora necesidad de afecto que llena su corazón. Su interpretación es memorable.
Malena Solda compone con finísimos recursos a la huérfana que lucha para salvar su vida y la del hombre al que ha aprendido a amar a pesar de su laconismo y aparente dureza. Su personaje crece. La actriz cambia en escena, es un placer contemplarla.
Martín Slipak es el niño. Un dechado de frescura y encanto.
«La bestia en la luna» ganó en 1996 el premio otorgado por la Asociación de Críticos de Teatro Norteamericano a la mejor obra fuera de la ciudad de Nueva York.
Un público que desborda la capacidad de la sala, la aplaude fervorosamente.




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