18 de enero 2001 - 00:00
Emociona un potente drama de inmigrantes
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El trío protagonista.
Por el sorpresivo amor que libera al hombre y arriba imprescindiblemente, como un aviso del destino. Por su coloquial tratamiento, que sin embargo alcanza la profundidad de una tragedia. Porque derriba todos los mandatos que se yerguen como custodios de la desdicha. Porque habla de la única revolución que nunca llegó a término: la que implica el mandamiento de amarse unos a otros.
Manuel Iedvabni se enamoró de la pieza, y eso se nota. Su marcación es apasionada y participativa. Es como si impulsara a los actores desde adentro de sí mismos.
Y el resultado es estremecedor. Iedvabni sabe que el teatro es el actor y esta certidumbre se refleja en los trabajos.
Manuel Callau se entrega con toda su alma al personaje de ese hombre al que la desventura priva de palabras y que finalmente cede a la arrolladora necesidad de afecto que llena su corazón. Su interpretación es memorable.
Malena Solda compone con finísimos recursos a la huérfana que lucha para salvar su vida y la del hombre al que ha aprendido a amar a pesar de su laconismo y aparente dureza. Su personaje crece. La actriz cambia en escena, es un placer contemplarla.
Martín Slipak es el niño. Un dechado de frescura y en-canto.
«La bestia en la luna» ganó en 1996 el premio otorgado por la Asociación de Críticos de Teatro Norteamericano a la mejor obra fuera de la ciudad de Nueva York.
Un público que desborda la capacidad de la sala, la aplaude fervorosamente.




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