29 de septiembre 2005 - 00:00
"En Cuba abrimos muy tarde los ojos"
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Relatos de objetos que evocan infancias marcadas por la dictadura
Camila
Guzmán:
«Siento el
dolor de ver
lo que ha
pasado con
Fidel Castro
y con el país
por culpa de
él. Debería
haberse ido
en el ’90,
debimos
tener una
perestroika».
Periodista: ¿Será una revisión decididamente autobiográfica?
Camila Guzmán: Muy autobiográfica. Intento el retrato de mi generación que cayó decepcionada junto con la caída del Muro. En todo caso, no pretendo hablar del presente. Mi objetivo es guardar en una cajita mi país de infancia, aquel donde, verdaderamente, yo fui feliz. Con mis compañeras solo había una diferencia, que tardé en apreciar: como yo era hija de exiliados chilenos, podía entrar y salir de la isla sin problemas. Ellas no.
P.: ¿Entonces no se daba cuenta?
C.G.: Hacíamos pequeñas críticas, pero siempre dentro del sistema, como las canciones de la Nueva Trova Cubana.Yo nací en Chile, pero desde el año y medio de vida soy cubana. A los 18, la caída de la URSS me sorprendió en España. Y desde La Habana, de pronto, todos me escribían «No vuelvas». Mi hermana también se fue. Yo vuelvo lo más que puedo, mi madre vive allá, pero no me quedo. No puedo quedarme.
P.: ¿Por qué?
C.G.: Porque todo ha cambiado. Todo se fue cayendo tan rápidamente como nuestra economía, cuyas cifras resultaron bastante falsas. Recién ahí descubrimos que, desgraciadamente, en 85% dependíamos de la URSS y otros países socialistas que también estaban entrando en bancarrota. Era extraño, porque hasta entonces nunca nos habíamos sentido un país satélite, o una colonia soviética. Eso, lo que realmente fuimos, nadie de nosotros lo sabía. En la escuela solo de pasada se mencionaba la verdadera causa de la crisis de los misiles. Como vivimos aislados, nos enterábamos de muy pocas cosas. Pero la crisis del '90 nos descubrió casi todo.Y sobre todo descubrimos que mucha gente, en vez de la proclamada solidaridad socialista, solo creía en el «sálvese quien pueda».
P.: Entonces los que eran como usted sufrieron una crisis de fe, como cualquiera que se decepciona con su religión.
P.: ¿Usted ha sido castrista?
C.G.: Lo fui muchos años. Ya no. Pero tampoco estoy con Miami. Castro fue un hombre lúcido, aunque hoy me cuestiono ciertas cosas de su época de lucidez. Ahora, cuando lo pasan por algún noticiero, intento no verlo, porque me hace mal. En todo caso, forma parte de mi vida. Siento el dolor de ver lo que ha pasado con él, y con el país por culpa de él. Debería haberse ido en el '90, para dar lugar a una perestroika (en Cuba no hubo todavía ni el talón de una perestroika), o en el '97, cuando logró la recuperación parcial de la economía.
P.: Toda esta experiencia confirma finalmente que «para la gran mayoría, el órgano más sensible del cuerpo humano es el bolsillo», como decía un general argentino.
C.G.: Eso nunca lo dijo un comandante cubano. Y debió haberlo dicho. Ahora lo sabemos.
P.: ¿Y qué pasará cuando se muera?
C.G.: Lo mismo nos preguntamos todos. La respuesta unánime es «no sé». Puede entrar Miami, pueden estallar conflictos internos muy feos. En todo caso, me parece muy positivo que gran parte de Cuba ya esté vendida a los franceses y españoles.




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