29 de septiembre 2005 - 00:00

"En Cuba abrimos muy tarde los ojos"

CamilaGuzmán:«Siento eldolor de verlo que hapasado conFidel Castroy con el paíspor culpa deél. Deberíahaberse idoen el ’90,debimostener unaperestroika».
Camila Guzmán: «Siento el dolor de ver lo que ha pasado con Fidel Castro y con el país por culpa de él. Debería haberse ido en el ’90, debimos tener una perestroika».
San Sebastián - La tarjeta decía «Crecí en Cuba en los años 70 y 80. En esos años vivimos en un mundo diferente, de alguna manera irreal. Todos nos sentíamos iguales y todo lo material carecía de valor. Fuimos parte de un gran laboratorio donde hacían al 'hombre nuevo' que imaginó el Che. ¿Qué pasó con mi generación? La que al llegar a la adultez vio que todos sus ideales se fueron abajo».

La autora de la tarjeta es una joven treintañera, agradable, Camila Guzmán Urzúa, hija del calificado cineasta Patricio Guzmán. Ahora ella está terminando un documental bastante amargo: «Telón de azúcar». La entrevistamos en el recientemente finalizado Festival de Cine de San Sebastián:

Periodista:
¿Será una revisión decididamente autobiográfica?

Camila Guzmán: Muy autobiográfica. Intento el retrato de mi generación que cayó decepcionada junto con la caída del Muro. En todo caso, no pretendo hablar del presente. Mi objetivo es guardar en una cajita mi país de infancia, aquel donde, verdaderamente, yo fui feliz. Con mis compañeras solo había una diferencia, que tardé en apreciar: como yo era hija de exiliados chilenos, podía entrar y salir de la isla sin problemas. Ellas no.


P.:
¿Entonces no se daba cuenta?

C.G.: Hacíamos pequeñas críticas, pero siempre dentro del sistema, como las canciones de la Nueva Trova Cubana.Yo nací en Chile, pero desde el año y medio de vida soy cubana. A los 18, la caída de la URSS me sorprendió en España. Y desde La Habana, de pronto, todos me escribían «No vuelvas». Mi hermana también se fue. Yo vuelvo lo más que puedo, mi madre vive allá, pero no me quedo. No puedo quedarme.


P.:
¿Por qué?

C.G.: Porque todo ha cambiado. Todo se fue cayendo tan rápidamente como nuestra economía, cuyas cifras resultaron bastante falsas. Recién ahí descubrimos que, desgraciadamente, en 85% dependíamos de la URSS y otros países socialistas que también estaban entrando en bancarrota. Era extraño, porque hasta entonces nunca nos habíamos sentido un país satélite, o una colonia soviética. Eso, lo que realmente fuimos, nadie de nosotros lo sabía. En la escuela solo de pasada se mencionaba la verdadera causa de la crisis de los misiles. Como vivimos aislados, nos enterábamos de muy pocas cosas. Pero la crisis del '90 nos descubrió casi todo.Y sobre todo descubrimos que mucha gente, en vez de la proclamada solidaridad socialista, solo creía en el «sálvese quien pueda».


P.:
Entonces los que eran como usted sufrieron una crisis de fe, como cualquiera que se decepciona con su religión.

C.G.: ¿Religión? Es verdad. Y todo el país creyó en esa religión. Nunca hubo abundancia, pero se veía un pueblo feliz, la alegría era real, la gente se sentía buena. Hablo de la masa, yo fui a la escuela de un barrio común. Nunca en toda mi vida en Cuba hubo problemas de asesinatos, de robos, de violaciones, o pandillas, como hay ahora. El proyecto que construimos los de mi generación, hoy está olvidado. Hoy los niños, aunque todos los días prometan ser como el Che, no creen ni en su madre. Solo creen en los dólares y la pitusa,como les decimos a los jeans. Y el propio Museo del Che que había en Tarara ya no existe. Lo habrán llevado al mausoleo de Santa Clara, porque esa zona se está volviendo un barrio de empresarios extranjeros. Se me hizo difícil filmar allí, sentía como un shock.

P.:
¿Usted ha sido castrista?

C.G.: Lo fui muchos años. Ya no. Pero tampoco estoy con Miami. Castro fue un hombre lúcido, aunque hoy me cuestiono ciertas cosas de su época de lucidez. Ahora, cuando lo pasan por algún noticiero, intento no verlo, porque me hace mal. En todo caso, forma parte de mi vida. Siento el dolor de ver lo que ha pasado con él, y con el país por culpa de él. Debería haberse ido en el '90, para dar lugar a una perestroika (en Cuba no hubo todavía ni el talón de una perestroika), o en el '97, cuando logró la recuperación parcial de la economía.


P.:
Toda esta experiencia confirma finalmente que «para la gran mayoría, el órgano más sensible del cuerpo humano es el bolsillo», como decía un general argentino.

C.G.: Eso nunca lo dijo un comandante cubano. Y debió haberlo dicho. Ahora lo sabemos.


P.:
¿Y qué pasará cuando se muera?

C.G.: Lo mismo nos preguntamos todos. La respuesta unánime es «no sé». Puede entrar Miami, pueden estallar conflictos internos muy feos. En todo caso, me parece muy positivo que gran parte de Cuba ya esté vendida a los franceses y españoles.

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