22 de octubre 2026 - 14:06

En Facebook, el odio es más fuerte que el amor

“El poder de la red” reconstruye las revelaciones demoledoras de The Wall Street Journal sobre la creación de Mark Zuckerberg. El film recupera la estructura de “Todos los hombres del presidente”, aunque el escándalo tuvo menos efectos para los responsables

Jeremy Strong como Mark Zuckerberg en El poder de la red

Jeremy Strong como Mark Zuckerberg en "El poder de la red"

“Zeus no podría desatar las redes / de piedra que me cercan”, escribió Borges en “El laberinto”, uno de los poemas de “Elogio de la sombra”. Difícilmente hubiera imaginado que, medio siglo después, las “redes” designarían otro tipo de laberinto, construido con algoritmos en lugar de piedra, y habitado por miles de millones de personas. Un laberinto donde los caminos parecen elegidos libremente, aunque alguien, que no es el azar, ha decidido cuáles tendremos mayores posibilidades de recorrer. De eso trata “El poder de la red” (“The Social Reckoning”), la película de Aaron Sorkin sobre los secretos corporativos de Facebook y la investigación periodística que terminó denunciándolos.

En 1976, Alan J. Pakula dirigió “Todos los hombres del presidente”, con Dustin Hoffman y Robert Redford como Carl Bernstein y Bob Woodward, los periodistas de “The Washington Post” que contribuyeron a destapar el escándalo Watergate que provocó la caída de Richard Nixon. Cincuenta años después, Sorkin retoma aquella estructura, pero el poder investigado ya no reside en la Casa Blanca, sino en las oficinas de una tecnológica.

La diferencia cinematográfica no es menos importante. Hoffman y Redford transmitían la pasión, las dudas y los temores de dos periodistas que iban descubriendo una conspiración cuyo alcance todavía ignoraban. El suspenso se construía con silencios, llamadas telefónicas, fuentes reticentes y amenazas. En “El poder de la red”, también basada en hechos reales, los protagonistas parecen integrantes de una convención de jóvenes “geeks” que discuten el destino de la democracia con la misma apatía con que podrían analizar el lanzamiento de una aplicación. Casi todos hablan con idéntica velocidad, conocen las respuestas y encuentran siempre la réplica ingeniosa. En la película de Pakula, el peligro acechaba detrás de cualquier puerta; en la actual, está detrás de una presentación de PowerPoint.

La protagonista es Frances Haugen (Mikey Madison), empleada de Facebook que descubre los efectos de los algoritmos y decide revelar documentación confidencial a Jeff Horwitz (Jeremy Allen White), periodista de “The Wall Street Journal”. Haugen hace las veces del célebre Garganta Profunda de Watergate, aunque aquí conocemos desde el principio su identidad y sus motivaciones.

Los encuentros secretos de ambos en un parque recuerdan las reuniones de Woodward con su informante en el estacionamiento subterráneo. Pero el misterio y la amenaza que envolvían aquellos encuentros han sido reemplazados por una sucesión de explicaciones sobre el funcionamiento de Facebook, como si el cine político de los setenta hubiera cambiado su sangre en las venas por un sistema de refrigeración digital.

Crimen sin castigo

La historia comienza con un incidente aparentemente ajeno a la investigación: una joven protagoniza un violento enfrentamiento racista con unos policías que se habían acercado a auxiliarla cuando su automóvil sufrió un desperfecto en una ruta. El video circula por Facebook y Haugen reconoce a la protagonista, una conocida suya que antes tenía posiciones progresistas y ahora participa en grupos radicalizados de derecha. El episodio la lleva a interesarse por los mecanismos que pueden favorecer semejante transformación.

Uno de los datos más reveladores es el famoso 64%: según una investigación interna de 2016, esa proporción de las incorporaciones a grupos extremistas procedía de las sugerencias de Facebook. El hallazgo había sido revelado por “The Wall Street Journal” en mayo de 2020, antes de las filtraciones de Haugen. Otro elemento central es el MSI (Meaningful Social Interactions), un sistema introducido en 2018 por Facebook para dar mayor importancia a las publicaciones que generaban comentarios, posteos compartidos y otras interacciones entre usuarios.

Según la red social, eso estimulaba las relaciones personales, pero el algoritmo terminaba privilegiando las discusiones con más “haters”. Una acusación falsa, un mensaje racista o una teoría conspirativa provocaban mayor cantidad de comentarios indignados y conseguían así mayor difusión que una publicación sobre cumpleaños, recetas de cocina o mensajes “de luz”. El odio, en términos de Facebook, es mucho más fuerte que el amor.

Los documentos internos también mostraban que Facebook conocía los efectos negativos de Instagram sobre la imagen corporal y el bienestar psicológico de las adolescentes a través de la comparación con cuerpos idealizados y vidas perfectas. Sin embargo, modificar el algoritmo podía reducir la actividad de los usuarios y perjudicar los ingresos publicitarios.

La película relaciona estos mecanismos con la expansión de los grupos de odio, las campañas de desinformación política y el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 en favor de Donald Trump, cuyas imágenes se insertan en el film. Horwitz comprende que los documentos de Haugen demuestran la distancia entre el discurso público de Facebook y sus investigaciones internas. El resultado es la serie de artículos conocida como “The Facebook Files”, publicada por “The Wall Street Journal” a partir de septiembre de 2021.

Jeremy Strong interpreta a Mark Zuckerberg con una frialdad robótica que por momentos lo aproxima a Lex Luthor. La caracterización tiene cierta eficacia satírica, aunque reduce las contradicciones del personaje. El Zuckerberg que Jesse Eisenberg interpretó en “La red social” (2010), también escrita por Sorkin y dirigida por David Fincher, era bastante más complejo: arrogante y difícil de descifrar.

Hay además una curiosidad en la reconstrucción histórica. La película transcurre parcialmente durante la pandemia, pero los barbijos quedan reservados a los personajes secundarios, mientras los protagonistas conversan largamente con el rostro descubierto.

Apenas unas semanas después de las revelaciones de “The Facebook Files”, Zuckerberg anunció que la compañía pasaba a llamarse Meta y que apostaría al “metaverso”. El cambio respondía oficialmente a una nueva estrategia tecnológica, pero coincidía con uno de los peores escándalos de la historia de Facebook. En simultáneo, la plataforma perdía atractivo entre los jóvenes y pasaba poco a poco a convertirse en la red de padres y abuelos.

La película concluye con el testimonio de Haugen ante el Senado, concediendo a la denuncia pública una dimensión heroica (algo que no se evidencia en la actuación). La verdadera Frances Haugen asumió riesgos profesionales y personales al entregar los documentos que hicieron posible la investigación, pero el desenlace tiene algo de engañoso.

En “Todos los hombres del presidente”, el espectador conocía las consecuencias del Watergate. En “El poder de la red”, cinco años después de las revelaciones, Zuckerberg continúa al frente de Meta, una de las mayores empresas tecnológicas del mundo, y las discusiones sobre la responsabilidad de las plataformas siguen abiertas. Las denuncias permitieron conocer prácticas que Facebook había mantenido fuera del escrutinio público, pero sus consecuencias sobre el funcionamiento de la compañía han sido bastante menos concluyentes. Tanto es así, que no sorprendería encontrarse en Facebook, donde hoy hay más publicidad que amigos, con un aviso de la película. Negocios son negocios.

“El poder de la red” (“The Social Reckoning”, EE. UU., 2026). Dir.: Aaron Sorkin. Int.: Mikey Madison, Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Wunmi Mosaku.

Te puede interesar