14 de marzo 2007 - 00:00
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La cineasta marroquí Farida Benyazid en Mar del Plata: «El fundamentalismo árabe en Marruecos es poco, pero peligroso. Algunos acusan a agentes inmobiliarios de matar, para después negociar tierras».
F.B.: Hay una franja de jóvenes manipulados, muy pocos, pero hacen mucho ruido. Esta semana, por ejemplo, uno se mató con su bomba en un ciber de Casablanca. Si pronto serán más, no se sabe. Es una locura, estamos rehenes de locos de ambas partes. No hace mucho el fundamentalismo en Argelia llegó a niveles espantosos de barbarie, pero ahora está momentáneamente como apagado. Se dice que detrás había agentes inmobiliarios, que instaban a matar a los dueños de tierras buenas, y a sus herederos, para negociar después con ellas. Hay algo de esto, y de todo.
P.: Volviendo a la película, donde alternan español, francés y árabe todo el tiempo, ¿en qué lengua habla Juanita Narboni cuando se enoja?
F.B.: Ah, son palabras de jaquetía, un cocoliche, como dicen ustedes, una mezcla judeoárabespañola que ahora se está perdiendo un poco, bajo el avance del árabe. El jaquetía es el idioma de mi infancia, aunque mi madre me haya mandado a un colegio francés porque era amiga de la directora. Así se hablaba antes en Tánger, cuando el español era la lengua que unificaba a los diversos habitantes del norte africano.
P.: ¿El avance del árabe implica también el riesgo de cierta xenofobia?
F.B.: En otros países ocurre, pero Marruecos, de xenófoba, nada. Marruecos siempre ha sido un estado islámico muy suave. El rey es el príncipe, el amir, de los creyentes, pero a los no-creyentes también los trata como iguales. Por ejemplo, los judíos tienen a Mohamed V (abuelo del actual-rey) anotado en la lista de los justos, porque los protegió durante la II Guerra Mundial. «No los toque. Ellos son mis súbditos», le dijo al gobierno de Vichy. No pasó como en Argelia, donde los franceses deportaron a casi todos los judíos. Hoy se teme al islamismo, algunos creen que hay un complot, se vuelven paranoicos, y es que nadie entiende nada. Por eso, ya hace casi 20 años, hice «La puerta del cielo», reivindicando la tradición sufí que aprendí cuando niña. Mi padre era muy practicante, y nos inculcó la tolerancia. Espero con mi obra aportar algo a la tranquilidad de ambas partes. Claro, son nuestros deseos, pero no cambiamos el mundo con una película. Además, hay poco sitio para ese cine. ¿Recuerda «Le voyage», qué bonita, que ganó en Mar del Plata hace dos años?
P.: ¿Qué pasa con las presiones para acabar con la planta productora de hachis?
F.B.: El hachís no existía, fueron los hippies quienes enseñaron a hacerlo picando jifé. Ahora se hace bastante, todo para el mercado occidental. Tiempo atrás EE.UU. reclamó la destrucción de las cosechas, pero Hassan II dijo (a veces también dijo cosas buenas) «hay gente que ha fumado jifé hasta los 90 años, eso nunca mató a nadie». Así que legalmente se puede plantar y fumar jifé. Picarlo es otra cosa.


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