8 de septiembre 2003 - 00:00

En pleno auge, el videoarte busca ahora crear su mercado

El variado abanico de las nuevas tecnologías ocupa cada vez más espacio en la producción de los artistas jóvenes. La fotografía, técnica de largo arraigo en Argentina, cosecha nuevos adeptos con sus variantes de arte digital, y el videoarte, aunque sus primeras expresiones fueron tardías, se consolidó a principios de los '90 y hoy está en plena expansión. A partir de la Gran Muestra del Video Argentino en 1990, un grupo de artistas encaró el proyecto de difundir y comercializar sus trabajos, e instituciones como el Banco Patricios, el Espacio Giesso, el ICI, el Instituto Goethe, el Centro Cultural San Martín y el Cultural Rojas comenzaron a presentar videoarte y a estimular la producción. Sin embargo, el costo elevado del montaje puso freno a la actividad.

En el interior del país, el videoarte no figuraba en los planes de las instituciones educativas o museos y, ante la imposibilidad de acceder al mercado, la técnica permaneció ajena a la práctica artística. Mientras el mercado de la fotografía sostenido por un firme coleccionismo, creció de modo vertiginoso en estos últimos cinco años, el del videoarte todavía no existe. En general, los compradores de obras argentinas son entidades extranjeras, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York o el Reina Sofía de Madrid, que adquirieron los trabajos de Liliana Porter y Charly Nijeshon en alrededor de 16.000 dólares. Los precios locales son diferentes: en la última feria Expotrastienda, la colección de videos del Centro Cultural Rojas de edición limitada, compilada por Andrés Denegri, de los videastas Claudio Caldini, Carlos Trilnick y Jorge La Ferla, se vendían por 7 pesos.

Pese a todo, varios artistas argentinos como Nijeshon, Diego Lascano, Gabriela Golder, Gastón Duprat, Mariano Cohn, Andrea Juan, Federico Mercuri, Ricardo Pons y Federico Falcó, entre muchos otros, han dado pruebas de su talento y ganado espacio en el exterior. Dato que revela que la escasa difusión se debe más bien a la falta de financiación (pues hacer video es barato pero los dispositivos para exhibirlo son muy caros), que a la ausencia de talento.

Sin embargo, venciendo dificultades, este año Graciela Taquini llevó el videoarte a la provincia de Córdoba, donde se realizaron proyecciones simultáneas a la Feria de Arte. El mes pasado, el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Misiones presentó «Misión electrónica», el primer seminario de introducción al videoarte y, conjuntamente, una muestra de arte electrónico con obras de Sonia Abian, Mariano Sardón y Augusto Zanela, curada por también por Taquini. Y la semana pasada, en la localidad de Caseros, la Universidad de Tres de Febrero, la única institución educativa que tiene una carrera de grado en Artes Electrónicas, inauguró en su museo propio, la segunda etapa de «Untref Electrónico», una muestra donde el video es protagonista y en la que intervienen alumnos, artistas invitados y los docentes Sardón, Fabiana Barreda, Juan, Denegri,Golder y Elena Laplana.

La exhibición, coordinada con rigor profesional por los alumnos, está realizada con un generoso despliegue de elementos técnicos que van desde los más simples hasta los más sofisticados, pero sin caer en abusos.

En diálogo con este diario, Emiliano López, que cursa la carrera y presenta una obra interactiva que abre la muestra, revela que los estudiantes tienen muy claro el concepto de que la multiplicación al infinito de pantallas y proyectores no aporta nada al sentido o el poder de comunicación de la obra, sino que en ocasiones -como sucedió con las turbulentas aguas de Silvia Rivas que supieron anegar la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta-, suele restárselo. La obra de López juega con el sonido ambiental de la Universidad: a través de un sensor que activa la proyección de imágenes sobre el dintel de la puerta del museo empapelado con diarios, el ritmo brinda una idea de la aceleración y el vértigo de la vida actual.

Es que cada trabajo tiene un sentido.
«Carne conectada» de José Luis Romeo, habla de la dependencia cibernética; « Multiplicidad de puntos de vista» de Andrés Carcaci, de los riesgos de la fragmentación; « Atmósfera» de Carcaci, Eyelen, Giacobbe, Fernández, Sturmann y Gianoni, es una ambiciosa video-instalación realizada a partir de la pintura de Magritte «La voz de los vientos», que al reproducir el volumen de las esferas de dicha obra en la pantalla logra exaltar las sensaciones y apropiarse del espacio. Un sugerente fotomantaje con las escalinatas de la Universidad del grupo Los Bolillones cierra la muestra.

El subsuelo del MUNTREF, hoy convertido en un verdadero laboratorio donde brillan los monitores y las pantallas emiten sus destellos azulados, oficia de sala de proyección y ofrece un extenso menú de videoartistas como
Anahí Cáceres, Javier Sobrino, el grupo Ar Detroy, Lucas Engel, Sebatián Zicarello, Horacio Zabala y Jorge Haro.

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