4 de mayo 2000 - 00:00

"ENAMORADO"

A ntes que nada una aclaración que quizás a algunos les suene a advertencia: por varias razones, el Sam Raimi de «Enamorado» (o mejor dicho, «Por amor al juego» como se llama originalmente) está más cerca de «Rápida y mortal» que de «Un plan simple». Aunque, también hay que saber que los clichés del guión de Dana Stevens, basado en un bestseller, hubiesen llegado menos atenuados al espectador de cine si los hubiera filmado otro director.
Kevin Costner es el veterano astro del béisbol de Detroit Billy Chapel (40 años) cuyo equipo no pasa por un buen momento, pero eso no es nada comparado a las sombras que se ciernen simultáneamente sobre su carrera deportiva y su vida sentimental, según queda claro desde el principio. Después de esperar en vano a la mujer que ama en su suite de hotel, el dueño del club viene a decirle que ha vendido el equipo para el que él jugó casi 20 años y que los nuevos empresarios piensan venderlo a él a los Yankees de Nueva York.
Sin tiempo para reponerse, recibe la noticia de que Jane ( Kelly Preston), su novia editora de revistas de modas, lo está dejando porque no soporta competir con el béisbol, para decirlo sintéticamente, y se va a trabajar a Londres.
Todo lo que sigue es el partido decisivo en la vida profesional de Billy, seguido prácticamente minuto a minuto, con una técnica impecable (recuerde lector los asombrosos efectos de las balas en el western «Rápida y mortal»), y mechado con abundantes flashbacks de los complejos cinco años que duró su triángulo con Jane y el béisbol.

 Entretenimiento

Si bien no se puede decir que haya hecho un clásico de deporte y romance, más que nada por defecto del guión, Raimi consigue que su homenaje al género -y a la mitología del béisbol-entretenga. No sólo con la tensión y la pirotecnia del larguísimo único partido, sino también por su dirección de actores. Costner convence en la cancha pese a estar rodeado de auténticos beisbolistas; la frescura de Kelly Preston hace olvidar pronto su parecido con Meg Ryan, y la química entre ambos funciona, aunque muchas veces el argumento mismo se obstine en desacreditarla.

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