12 de junio 2003 - 00:00
"ENLACE MORTAL"
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Escena del film
¿Por qué Farrell no llama a su amante desde el celular? Por dos razones: una, descabellada, porque se nos dice que su esposa le revisa al detalle las facturas. Menuda tarea tratándose de un publicista top, ya que mes a mes debería dar explicaciones del destino de centenares de llamadas a una mujer que, pese a imaginarla como una Sisebuta, sobre el final comprobamos que es modernamente «open mind». La segunda razón tiene más sentido: el guión de «Enlace mortal» data de hace 20 años, cuando no existían los celulares y Manhattan estaba repleta de cabinas públicas. La película, que transcurre en su integridad en un mismo escenario (la cabina sobre la avenida 8 y la calle 53), opone entonces al pecador acorralado y al invisible justiciero conyugal, que lo apunta desde alguna de las infinitas ventanas que dan al exterior. Por allí desfilan obstáculos que, a discreción del conductor del juego, serán eliminados o no: tres prostitutas que quieren usar el teléfono, el rufián, y por supuesto la policía, a cuyo jefe de operativo (Forest Whitaker) el guión tampoco lo priva de su propio número de contrición moral. En el nuevo Hollywood, pues, los criminales dementes se han convertido en el mejor aliado de los predicadores.




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