13 de abril 2000 - 00:00

"ERIN BROCKOVICH UNA MUJER AUDAZ"

S i John Travolta tuviera el mismo busto y las mismas piernas que Julia Roberts, su película «Una acción civil», estrenada el año pasado, seguramente habría tenido el mismo éxito que «Erin Brockovich», primera desde hace varias semanas en los EE.UU. La observación no es frívola: la estrategia de este film es la misma de la que se valió el personaje real, en su vestuario y conducta, para obtener lo que obtuvo.
Idénticos en espíritu, ambos films exponen la lucha del individuo contra una corporación, por igual causa (empresa negligente que derrama productos químicos en las aguas de un enorme vecindario de suburbio, enfermando a muchas personas); ambos recorren, también, el género del «esfuérzate, tú puedes» cuando se trata de reunir firmas de vecinos renuentes o escépticos, y poder llegar a la Justicia.
Pero, si idénticos en espíritu, no lo son en cuerpo: acá está
Julia Roberts, con igual desenvoltura y sonrisa que en sus películas más exitosas, aunque con un bonus track de atractivos recién estrenados. La sensible transformación que se operó en su figura da pie a una de las líneas más afortunadas del libro: cuando su jefe, un abogado de medio pelo ( Albert Finney), le pregunta cómo piensa dar, sin medios ni dinero, con los documentos secretos que incriminan a la empresa que quieren querellar, ella se limita a contestarle: «No hay nada que no pueda lograr un par de tetas».

 Valores

«Erin Brockovich», sin embargo, es algo más que la versión tribunalicia de «Mujer bonita». El director Steven Soderbergh («Sexo, mentiras y video») compensa con cámara audaz, buen ritmo y mirada inteligente el inevitable camino de clichés que debe transitar la historia, sobre todo en su segunda y previsible segunda parte. El otro atractivo es la misma Julia Roberts, y no sólo por lo anterior: es evidente que la inspiró y estimuló mucho el modelo real de la propia Erin Brockovich, en cuyo caso, simplificado a los estándares hollywoodenses, se apoya el libro (dato al margen para espectadores atentos: en las primeras escenas de la película, la Erin real aparece fugazmente como la moza de una hamburguesería).
Despabilada de las miraditas encantadoras y las inclinaciones de cabeza de «Novia fugitiva», el personaje de Erin le permite a Julia Roberts, por fin, sacar afuera su temperamento sanguíneo, su boca sucia, su energía. Se destapa, en el mejor sentido. Madre divorciada, tres hijos, sin trabajo ni ahorros, sobrellevando un choque de autos que la deja inmóvil por un tiempo y sin compensación, el caso de Erin, que poco más de un año después consigue poner de rodillas a una poderosa empresa que debe pagar una indemnización fabulosa, transforma por una vez a Julia Roberts en una especie de Anna Magnani fashion. Hasta tiene un novio fachero y desempleado (Aaron Eckhart), que le hace de baby sitter y le atiende la casa.
Albert Finney es un enorme actor, cuya presencia también eleva el film; una pena que su personaje no tenga un desarrollo coprotagónico equivalente, pero se sabe que con una compañera de cartel como la que tiene, y no siendo Richard Gere, es difícil pretender otra cosa.
Aunque en una línea diferente de sus títulos anteriores,
«Erin Brockovich. Una mujer audaz» no deja de ser otro vehículo para el lucimiento de su luminosa protagonista, objetivo que jamás queda de lado por más mensaje bienhechor y reconfortante que transmita el libro. Eso sí: hasta el menor de sus mohínes es persuasivo. Uno hasta puede creer en la profunda emoción que siente Erin cuando recibe el astronómico cheque con el que se compensa su titánico esfuerzo, aunque esa cifra sólo represente 10% de lo que Julia gana por película.

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