«Ballet con humor», compañía cómica de ballet. Dir.: A. Dellabora y C. González. Vest. y utilería: A. Dellabora. Luces: C. González. Int.: C. Romero, A. Dellabora, C. Díaz, A. Burgos, D. Longo, D. Negroni, A. Gómez, M. Torus, A. Seijas y O. Lesnik. (Centro Cultural Borges, domingos de agosto a las 20.)
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I ntentar una relectura humorística del ballet clásico y de la danza contemporánea con sus múltiples variantes no es tarea fácil. Para arribar a buenos resultados es necesario cumplir ciertos requisitos y contar con la complicidad de un público que conozca y ame el ballet; de lo contrario, posiblemente muchos se pierden guiños y pequeñas referencias. De todos modos, la torpeza de ciertos comportamientos individuales y grupales tanto como la evidente ridiculez de algunas formas pueden provocar aun la risa franca en el espectador común, ya que se inscriben en la categoría de gag universalmente entendido. Si a la platea a la que va dirigido se le adicionan datos prototípicos de la danza y el recurso varias veces utilizado de hombres asumiendo roles femeninos, el efecto será mayor.
Ese es el caso de «Ballet con humor», una compañía creada en 1986 en nuestro medio por Jorge Curia -tempranamente desaparecido- e integrada por un grupo de bailarines, algunos provenientes del Teatro Argentino de La Plata y otros del Teatro Colón. En el actual programa desarrollado en el Centro Borges han reunido dos propuestas antagónicas.
Cacerolazo
En la primera parte, una desopilante interpretación del segundo acto de «El lago de los cisnes», con música de Tchaikovsky y coreografía de Claudio González, quien mezcla todos los elementos típicos del lenguaje clásico-romántico con otras formas más rudimentarias de la actuación y la gesticulación, incluida una protesta con cacerolas y pancartas por falta de pago. El efecto cómico está logrado y llega al punto más alto en el tradicional «pas de quatre», realmente gracioso, igual que los desplantes de diva de la estrella principal.
En la segunda parte, el grupo arremete contra la célebre «Estancia», de Alberto Ginastera. El desarrollo argumental, exhaustivamente detallado en el programa de mano, ubica la acción a fines del siglo XIX y gira alrededor de una dama inglesa que compra una estancia en la Argentina. El tema y la música de inspiración folk de Ginastera provocan estallidos nacionalistas entre paisanas y paisanos contra los aires feudales de la patrona británica. Nuevamente la sátira se adueña de todos los componentes de la compañía, quienes torpemente resuelven el conflicto, no sin antes exponer dos secuencias oníricas con recursos rayanos en lo escatológico, algo que quizá se podría haber evitado en beneficio del humor naïf y franco del resto de la representación.
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