27 de julio 2005 - 00:00
Escritora uruguaya tras la huella de Dan Brown
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La escritora
uruguaya
Mercedes
Vigil partió
para su
novela del
cuadro de El
Greco «Las
lágrimas de
Pedro», cuyo
modelo había
sido un
alquimista
medieval
perseguido
por la
Inquisición.
Periodista: ¿Qué influencia tuvo de «El Código Da Vinci»?
Mercedes Vigil: Tenía la idea de «El mago de Toledo», las primeras anotaciones, cuando leí «El Código Da Vinci». La novela de Dan Brown me resultó apasionante, pero su historia está plena de ficción. Si se busca la orden del Priorato de Sión no se la encuentra. La mía es una novela histórica con un enhebrado de ficción, algo bien distinto de la de Dan Brown. Si se va a los lugares que cito se encuentra a las personas que nombro, y con los cargos en las fraternidades en que están.
P.: ¿Buscó hacer una novela sobre las sociedades secretas?
M.V.: No se si busqué a las fraternidades o ellas me buscaron a mí. No me caben dudas de que el mundo tal como lo conocemos es obra de las fraternidades. Me llamó la atención encontrar en Estados Unidos que las mismas fraternidades que financiaron a Colón el descubrimiento de América, hoy están financiando a los laboratorios que estudian el genoma humano.
P.: ¿Por qué las llama fraternidadesy no sociedades secretas?
P.: ¿Cómo inicia su vinculación con esas sociedades secretas?
M.V.: En 2001 participaba de un programa de televisión, en Uruguay, y comenté que planeaba escribir la biografía de Máximo Santos, un dictador uruguayo. El libro se llama «Un coronel sin espejos» y es la historia de un siglo del Uruguay contada por la amante británica de un dictador nuestro y presidente. Y dije que había quienes sostenían que Máximo Santos había sido masón, pero yo creía que no. Ese comentario hizo que me llamara el Gran Maestre de la Masonería del Uruguay, luego Vallejo, Gran Maestre de la Masonería de la Argentina, y después el de España. Así fue como permitieron entrar, primera mujer y segunda historiadora, a revisar los archivos de la masonería. La cosa no quedó allí. También me llamó la Sociedad de Templarios, y siguieron llamándome otras fraternidades. Así terminé, hace un mes, hablando en El Cairo con Zahi Hawas, Presidente del Supremo Consejo de Antigüedades de Egipto, y dictando dos conferencias, una en el Centro Cultural Cervantes y otra en la Biblioteca de Alejandría, sobre «Las fraternidades como eje conductor de la historia».
P.: ¿Cómo encuentra la trama de su novela?
M.V.: La tramé en un sueño o me la entregó un sueño. Llegué como turista a Toledo en 2000 y me dejé conducir por los recorridos tradicionales. En la Capilla de Santo Tomé, muy cerca de donde era la casa de El Greco, todo el grupo se quedó frente a «El entierro del Conde de Orgaz», pero yo me había quedado fijada con un cuadro que El Greco había repetido varias veces, «Las lágrimas de Pedro», y había visto en varios museos. Hasta recordé que en uno aparecía María Magdalena detrás de San Pedro. Me dormí en el auto que nos llevaba de regresó a Madrid, y al despertar había soñado la trama de mi libro.
P.: ¿Fue allí que comenzó el borrador de su novela?
M.V.: Lo primero que penséhacer fue una biografía del hombre que había servido de modelo para ese cuadro del Greco.Yo, como católica, quería saber como lo había elegido El Greco para representar a San Pedro, la piedra sobre la que Cristo edificó su iglesia. Mi sorpresa fue que era Shabir, un alquimista que pertenecía a Los Hermanos de la Pureza (una orden muy parecida a la de los Illuminati), un grupo de sabios, cosmógráfos, médicos y alquimistas. Shabir formaba parte de un grupo intelectual que se escondía de la Inquisición, que andaba «quemando herejes que se niegan a revelar la fórmula del oro».
P.: ¿Por qué subtituló a su novela «Los hijos de la luz» y «Los hijos de las tinieblas»?
M.V.: Busco señalar lo que pasa en prácticamente todo el mundo desde los últimos cinco siglos, que las tramas discurren entre lo aparente y lo que subyace. Pasa hoy, en el siglo XXI, hay sociedades secretas que son muchísimo más poderosas que los Estados. Uno de mis personajes, Blas del Río, busca descubrir esto, saber en que momento de la historia universal la luchapor el poder divino devino,inexorablemente, en lucha por el poder terrenal. En definitiva esas dos frases expresan una metáfora que señala a los lectores que los sucesos que ocurren a la luz del día tienen otro aspecto mas fuerte que subyace.
P.: ¿Por qué su novela mezcla el pasado con la actualidad?
M.V.: No me podía quedar en la historia de como nació «Las lágrimas de Pedro», sobre todo al comprender que las cabezas que dominan nuestro tiempo -la Iglesia Católica, la Masonería, los Templarios, El Opus Dei- son las mismas que dominaban el medievo.Así trato tangencialmente el escándalo de Banco Ambrosiano, que hubiera sido mucho peor sin el apoyo económico de los modernos Templarios, que tienen su base en Siena.
P.: ¿Aparte de esto utiliza la técnica del thriller?
M.V.: No sólo lo hice para que fuera más entretenida sino porque me impresionó el mundo de secretos, de materiales a los que no se puede acceder. Sentí no poder entrar a los Archivos del Vaticano, por mas que Dan Brown diga que él entró, no poder ingresar a ciertos sectores de los Archivo de los Traductores de Toledo, y así en muchos otros lugares.
P.: ¿Este tipo de novela, que tiene mucho de ficción, se la puede caracterizar como « novela histórica»?
M.V.: Un académico en Uruguay sostiene que estos libros son híbridos literarios que algún momento van a tener que tener un nombre porque no son ni ficción ni novela histórica.
P.: Su conocimiento de las Sociedades Secretas lleva a sospechar que usted pertenece a alguna.
M.V.: La única forma de que me llamen de todas la órdenes es no pertenecer a ninguna y declararme católica apostólica romana. Creo que es así como pueden ver que no tengo nada más que la inquietud del conocimiento por el conocimiento mismo.



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