Esculturas de Reinoso en marco inmejorable

Espectáculos

El artista está exponiendo medio centenar de sus obras en el castillo de Chambord, uno de los más famosos del Loire y atractivo turístico central.

En estos días quedó a la vista el poder de seducción del arte argentino contemporáneo, pero sobre todo su diversidad estilística. Desde la vuelta al origen y al barro primordial del tucumano Gabriel Chaile en la Bienal de Venecia, hasta la sofisticación del porteño Pablo Reinoso (1955), con medio centenar de obras que instaló en el castillo de Chambord, un hito del turismo mundial.

Radicado en París desde la década del 70, Reinoso conquistó con el atractivo visual de “Débordements”, la megamuestra que ocupa los jardines y algunos espacios interiores del castillo, la atención del quién es quién del universo del arte. En el corazón del Loire, el director general del dominio de Chambord, Jean D’Haussonville, contó durante la inauguración que descubrió la obra de Reinoso en la casa del embajador argentino en Francia, Leonardo Costantino. Ambos presentaron un concierto de tango en Chambord. Pero D’Haussonville se quedó pensando en las obras de Reinoso y pronto fue a conocer su taller. El director de ese lugar afirmó: “Se necesitaba poder y armonía para abordar la inmensidad de Chambord”. Entonces describió “la fusión de la obra de Reinoso con la imponente arquitectura en una alianza donde se conjuga lo real y lo onírico”.

Reinoso observó que estudió distintos períodos de la historia de Francia y la de un joven rey amante de las cacerías, Francisco I. “Chambord es un castillo del genio humano, no fue realizado para vivir sino para celebrar y mostrar lo poético de la fuerza humana en su mayor exuberancia. No era un castillo defensivo, era un castillo creado para soñar”.

En uno de los caminos de ingreso al castillo, rodeado por más de 50 kilómetros de bosques y jardines recién restaurados, se encuentra “Revolución Vegetal (según Leonardo)”. La escultura de piedra y acero, un árbol de varios metros de altura, está inspirada en Leonardo Da Vinci. Es la obra más potente. Da Vinci trabajó en la región los últimos tres años de su vida, invitado por el rey Francisco I. Proyectaba construir un lugar utópico donde «debería haber fuentes en cada plaza” y los molinos llevarían el agua. El rey abandonó el plan original cuando murió Leonardo, en 1519, aunque ese mismo año comenzó la construcción de Chambord.

Dueño de un oficio que suma un plus en un espacio ligado a la historia y el gusto de Francia, Reinoso ganó fama con sus diseños para Kenzo y Givenchy. Hay un grado de perfección en la elección del material, las líneas y el acabado de las piezas, que consolida la alianza con un pasado que se remonta hasta el genio renacentista.

El público porteño tiene presente la obra de Reinoso con “Enredamaderas”, un banco que se divisa desde el lobby del Malba. En el ingreso a Chambord se percibe su peculiar estilo en “La Grande Parole” y varios bancos donde la mirada se desliza, fluye sin tropiezos por las líneas sinuosas y las formas enruladas. En el interior del castillo, sobre las paredes de piedra, la madera aporta color y calor. Los marcos de madera y las llamas de la chimenea, prolongan formas que se vuelven gomosas y juguetonas y se desplazan por las paredes.

El arribo a Chambord le brindó al artista no sólo la oportunidad de desplegar y potenciar su estética en un paisaje casi mágico, sino también de renacer con el rescate de la grandeza del pasado. La obra en metal, material apto para el aire libre, anuncia el deseo de un destino público al que aspira Reinoso.

Allí mismo, para celebrar estaban los operadores culturales Yamile Le Parc y Felipe Durán, la crítica Clelia Taricco y la presidenta del Museo Moderno, Inés Etchebarne; los galeristas del barrio Le Marais de París y Punta del Este, Sofía Silva y Reno Xippas; la artista Paula Toto Blaque y los coleccionistas Claudio Stamato, Carlos Ott y Gabriel Werthein, junto a sus pares franceses.

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