9 de abril 2002 - 00:00

Estaciones magníficamente bailadas

Estaciones magníficamente bailadas
«Las 8 estaciones». Coreografía: Mauricio Wainrot. Música: Antonio Vivaldi/Astor Piazzolla. Concepto visual, escenografía y vestuario: Carlos Gallardo. Video: Silvia Rivas. Iluminación: Eli Sirlin. Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. (Luna Park).

"Las 8 estaciones", la última coreografía de Mauricio Wainrot, es una obra esplendorosa. No sólo por la permanente creatividad en el tratamiento del movimiento y las ideas generadas a partir de él sino también por la exuberancia plástica emergente de una concepción visual que interrelaciona armónicamente a bailarines, diseñador de escenografía y vestuario y de iluminación.

«Las 8 estaciones»
aparenta una sencillez que no es tal. Su complejidad radica en la búsqueda de exponer las relaciones humanas -sobre todo el amor-a través de una secuencia que se transforma como consecuencia de estados de ánimo y de fluctuaciones espirituales.

Son las «estaciones» de la existencia, con su frescura iniciática, con el sopor de la pasión, la serenidad de la madurez reflexiva y la predicción del ocaso, aunque todo se repite y comienza de nuevo. Como en su trabajo anterior, Wainrot nos vuelve a hablar de los ciclos y del eterno retorno.

Basándose en las estructuras rítmicas y armónicas de las estaciones vivaldianas y piazzollianas, alternadas y a veces superpuestas en la estupenda versión discográfica de Gidon Kremer, el coreógrafo desarrolla una danza diseñada a partir de las sugerencias musicales de ambos compositores alejados temporalmente, pero unidos en la propuesta vital. Con lenguaje contemporáneo, los bailarines del Teatro San Martín se fusionan en pequeños conjuntos (ocho o diez en cada uno) o en magníficos dúos, de complejísima construcción y enorme belleza.

También hay un «solo» de Jack Syzard, de electrizante efecto. La utilización del espacio escénico, amplio y cambiante, sugiere a través de las luces, la escenografía y el vestuario y el video proyectado en el telón de fondo, un gran cuadro en acción, casi como un Monet o un Degas con sus atmósferas impresionistas en perpetua transición colorística y textural.

El Ballet Contemporáneo del San Martín actuó óptimamente como es su costumbre. Con un elenco renovado en algunas figuras provenientes de otras compañías, Wainrot logra el milagro de la homogeneidad, de la disciplina acérrima y la técnica impecable, amén de la belleza física de sus integrantes, lo que exime de nombrar artistas salientes.

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