Obra sin título del uruguayo Carmelo Arden Quin que integra la retrospectiva del Movimiento Madí Internacional en el Centro Cultural Borges.
En el Centro Cultural Borges se expone la muestra Movimiento Madí Internacional con obras de la Colección del Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano (MACLA). La muestra incluye obras de Carmelo Arden Quin (Uruguay), Jean Claude Faucon (Bélgica), Claude Pasquet (Francia), Gall George ( Hungría), Martín Blaszkó (Argentina), Aldo Fulchignoni y Franco Giuli (Italia), entre otros.
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La década del '40, en la que empezó la consolidación del arte argentino, presenció un acercamiento nunca visto de pintores, escultores, arquitectos, músicos y poetas alrededor de comunes objetivos de ruptura. En el caso del arte, es tan nítido el corte con el pasado que estableció un giro copernicano en la historia de nuestras manifestaciones estéticas.
Los hitos de entonces fueron el «Manifiesto de los Jóvenes» contra la figuración, emitido en 1941 por Claudio Girola, Alfredo Hlito y Tomás Maldonado (todos ellos, menores de 20 años); la edición en Buenos Aires, en 1943, de «Universalismo constructivo», de Torres García, y sobre todo, la publicación, en 1944, del primer y único número de «Arturo», « revista de artes abstractas» y órgano de los nuevos creadores que dirigían Arden Quin, Edgar Bayley, Gyula Kosice y Rhod Rothfuss. «Arturo» traía escritos teóricos de los cuatro, poemas de los tres primeros así como del chileno Vicente Huidobro y el brasileño Murilo Mendes, más reproducciones del uruguayo Joaquín Torres García (de quien incluía, además, un texto teórico y un poema), de su hijo Augusto Torres, del también uruguayo Rothfuss, de la portuguesa María Elena Viera da Silva, de los argentinos Maldonado (autor de la tapa) y Lidy Prati (autora de las viñetas), de Piet Mondrian (muerto el 1 de febrero, en Nueva York) y Vassily Kandinsky (que moriría en París, el 15 de diciembre).
• Vaticinio
Los animadores de «Arturo» vaticinaban que el arte geométrico sería el arte social por excelencia, porque despertaría en el hombre una conciencia más acorde con su espíritu de invención, de avidez por lo insólito y lo inesperado. Necesitaba la Argentina estética el embate de estos jóvenes (al salir «Arturo»: Arden Quin, el mayor, acababa de cumplir 31 años, Bayley tenía 24 y Rothfuss estaba por cumplirlos). Buscaban inventar una realidad estética objetiva, por medio de elementos también objetivos. Se trataba de forjar un arte de hechos visuales puros, ajeno a toda intención metafísica, emotiva y, por cierto, realistafigurativa; un arte válido por sí y en sí, libre de ataduras, con un arsenal escaso, aunque de posibilidades ilimitadas: líneas rectas y curvas, triángulos, cuadriláteros, polígonos, elipses, círculos, más las combinaciones y modificaciones debidas a la interacción de estos elementos.
El espacio dejaba de ser inertepara volverse dinámico: incidían el juego de las formas y las tensiones que ellas entablaban en la tela o en el ámbito. En 1945, se presentó el Movimiento Arte Concreto - Invención, futuro Grupo Madí, aunque fuera del circuito de galerías y centros culturales. Fue en la casa del brillante y sensible psicoanalista Enrique Pichón Rivière, un estudioso de Lautréamont. También expusieron sus obras en el estudio de Grete Stern, la gran fotógrafa alemana que había estudiado en el Bauhaus y llegó a la Argentina en 1936.
A fines de 1945, Maldonado (1922), Lozza (1911), Hlito (1923-93), Bayley (1919-90, acaso el más grande poeta de su generación), Pratti (1921), los escultores Girola (1923-94), Iommi (1926) y otros, constituyeron la Asociación de Arte Concreto-Invención, que ofreció cuatro exposiciones a lo largo de 1946 y expidió su, entonces obligatorio, Manifiesto, además de publicar un periódico que se agotó, siempre en 1946, al segundo número.
También ese año, el grupo de Arden Quin, Kosice y Rothfuss adoptó la denominación de Movimiento Madí, que realizó tres exhibiciones públicas y lanzó su Manifiesto.
Madí desarrolló una intensa actividad de muestras y publicaciones. Su revista apareció durante ocho números entre 1947 y 1954. Los madistas adoptaron el marco recortado e irregular, la superficie plana, curva o cóncava, y la articulación de planos de color «estrictamente proporcionales y combinados», para proyectar «la pintura más allá de la fórmula antigua donde se encerraba la pretendida imagen del neoplasticismo, constructivismo y otras escuelas de arte concreto».
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