8 de marzo 2007 - 00:00

Estupendas actrices en drama perturbador

Bien dirigidapor el siempreconfiableRichard Eyre ybasada en unanovela de ZoeHeller que elfilm da ganasde leer,«Escándalo»tiene, además,excelentesactuaciones desusprotagonistas,sobre todo lade Judi Dench.
Bien dirigida por el siempre confiable Richard Eyre y basada en una novela de Zoe Heller que el film da ganas de leer, «Escándalo» tiene, además, excelentes actuaciones de sus protagonistas, sobre todo la de Judi Dench.
«Escándalo» (Notes on a Scandal, G. Bretaña, 2006, habl. en inglés).Dir.: R. Eyre. Guión: P. Marber, sobre novela de Z. Heller. Int.: J. Dench, C. Blanchett, T. Georgeson, B. Niguy, M. Maloney, E. Kennedy.

Esta es la clase de película de suspenso que en vez de tenernos en la punta de la butaca esperando un asesinato, nos tiene en el fondo de la butaca, temerosos del momento de la revelación. Cuando el marido o los hijos se enteren, o cuando lo sepan en la escuela, o cuando alguien intervenga, y en vez de ser una tabla de salvación otra cosa, y se enteren. Cualquier cosa puede pasar.

El motivo de esta crisis, es que una joven profesora de secundaria, casada, dos hijos, cara de mosquita muerta, anda en amores con uno de sus alumnos, un chico de quince años que la maneja como quiere, según le confiesa ella a una colega, una mujer grande, la única que se hace respetar en esa escuela. Pero ésa es su versión, y esa joven, para nosotros, tiene algo de falsa, como toda mosquita muerta, aunque la otra en un principio sólo se pregunte «¿es una esfinge, o es estúpida?».

Y eso que la otra es bien viva, y muy observadora, con un motor interno alimentado por la inteligencia, el desprecio, y la soltería. Pero muchas veces cada cual ve y escucha lo que quiere ver y escuchar, sobre todo si cree haber encontrado a la persona que esperaba, y, más aún, cree saber cómo manejarla. Eso les pasa a las dos mujeres, y no sólo a ellas.

Pero el relato está contado desde el punto de vista de la mayor. Lo que viene muy bien, no sólo por razones de suspenso, sino porque ella hace unas observaciones muy buenas sobre el carácter humano, la tendencia autodestructiva, la sociedad en general, y -lo más sabroso- la escuela en particular. Son regocijantes, y desgraciadamente muy ciertas, sus observaciones al comienzo de la película acerca de las nuevas camadas de colegiales («Antes les confiscábamos cigarrillos y revistas pornográficas, ahora cuchillos y cocaína. Es el progreso»), y es ejemplar su actitud de vieja profesora frente a los alumnos, los directivos, y el resto del personal docente, donde abundan, igual que acá, los empleados sin vocación, autoridad, ni conocimientos. Pero es también inquietante, perturbadora, la visión de sus manos rugosas y un tanto deformes acariciando el fino cabello de su joven colega en problemas.

No corresponde adelantar nada, sino apenas confirmar lo ya sabido. Es decir, Richard Eyre es un director confiable, el guión de Patrick Marber es sólido, y dan ganas de buscar la novela de Zoe Heller en que se basa. Y las dos actrices son estupendas, sobre todo la veterana Judi Dench, con sus ojitos brillando de odio, maldad, autosuficiencia, y soledad, imponiendo su opaca figura frente a la agradable y luminosa Cate Blanchett.

Un solo pedido a los exhibidores: reducir el volumen de la música de Philip Glass, muy adecuada pero demasiado fuerte si no se balancea como corresponde.

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