23 de septiembre 2003 - 00:00
Estupendo Spinetta desairó a sus fans más nostálgicos
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Luis Alberto Spinetta es uno de los más grandes clásicos del rock argentino. Además, tiene la virtud de no ceder fácilmente a los dictados conservadores de la parte del público que quiere seguirlo escuchando clavado en alguno de sus momentos del pasado. «No voy a hacer clásicos; no voy a tocar 'Mucama (ojos de mantel)'», dijo en un momento del show, frente a la insistencia de la gente que lanzaba títulos al aire intentando organizar su lista de temas. Pero Spinetta, que ya le había dado el gusto a sus fans con los hits de su carrera, en versión acústica en el Colón y electrónica luego en una sala comercial, subió esta vez al escenario del Gran Rex con la intención fundamental de presentar su último disco, «Para los árboles». Este de hoy, no es el Spinetta del «power trío» rockero, ni el más jazzero, ni mucho menos, el de la canción adolescente-romántica de los tiempos de «
Muchacha...». Al frente de una verdadera orquesta -con tres tecladistas, un programador/ percusionista y una segunda guitarra sumados al trío-se permitió, tanto en el disco como en su presentación en vivo, una amplia gama de variedades tímbricas y arreglísticas. Mantuvo el espíritu del rock en el lugar secundario que le otorgó a la voz --aunque, como siempre, sus nuevas canciones digan cosas para ser escuchadas-y en algunos solos del guitarrista Baltazar Comotto. Fue jazzero en algunos pasajes instrumentales improvisados y en el aporte siempre interesante de su viejo compañero Juan Carlos «Mono» Fontana. Fue gran poeta en varios pasajes de sus nuevas composiciones. Tuvo dos pilares en la batería de Daniel Wirzt y en el bajo de Javier Malosetti; dos incuestionables. Y siempre desafió a su propio público a aceptar sorpresas, muchas de las cuales seguramente serán clásicos en el futuro. Más allá de la presentación completa de «Para los árboles» -que se escuchó completo, en el mismo orden del CD, y que tiene momentos culminantes en canciones como «A su amor, allí», «Dos murciélagos-» o «El cisne»-, estos recitales tuvieron algunos regalitos extra. Su corista Graciela Cosceri cantó sola «Mother's nature son» de Lennon y McCartney con Malosetti, y «Titania», que Spinetta escribió para una obra de teatro, con Claudio Cardone; él mismo inició sus recitales con la pieza de su hijo Dante, «Prométeme paraíso», de la época de Illya Kuryaki; recordó esa maravilla llamada «Tonta luz» y «Las cosas tienen movimiento» de Fito Páez; y cerró magistralmente con «Las olas». Frente a todo esto, sólo unos pocos, los más conservadores, pudieron sentirse defraudados.




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