El próximo martes, cuando se cumplan 70 años exactos de la muerte de Eva Perón, Disney estrenará mundialmente a través de Star Plus la miniserie “Santa Evita”, basada en el bestseller de Tomás Eloy Martínez, que habla no sólo de su vida sino, especialmente, del ocultamiento y peregrinaje de su cuerpo. Sobre ese asunto hay dos buenos documentales, “El misterio Eva Perón”, del veterano Tulio Demicheli, que la conoció como actriz, y “Evita, la tumba sin paz”, de Tristán Bauer, pero “Santa Evita” es una ficción, mezcla de thriller y biopic, coproducida por Disney, Star y Non Stop, con Natalia Oreiro, Ernesto Alterio, Diego Velázquez y Darío Grandinetti, música de Federico Jusid, producción ejecutiva de Salma Hayek y dirección de Alejandro Maci y el mexicano Rodrigo García. Dialogamos con Maci, Velázquez, y las guionistas Pamela Rentería y Marcela Guerty:.
“Santa Evita”: la historia, desde la lente de una novela que hizo época
El 26, por Star Plus, se estrena la miniserie con Natalia Oreiro basada en el libro de Tomás Eloy Martínez.
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Santa Evita: rodaje, en plena pandemia, de una de las escenas de la agonía de Evita (Natalia Oreiro y Darío Grandinetti).
Periodista: ¿Cómo nace todo esto?
Pamela Rentería: Era un viejo proyecto de Fox. Salma Hayek, Pepe Tamez y Rodrigo García lo tomaron en sus manos, y lo produjeron directamente con Disney. Rodrigo (“Con solo mirarte”, “Amor de madres”) se caracteriza por comprender el mundo femenino, aunque sus hijas dicen que no es tan así.
Marcela Guerty: A su juicio, los guiones de esta serie debían ser escritos por mujeres. Hubo una convocatoria, lo conocimos, charlamos con él, se incorporó Maci, y ya trabajamos junto con ellos. Entonces ya fuimos construyendo también con la mirada de quienes lo iban a contar.
Alejandro Maci: Pasó algo gracioso. Rodrigo había dirigido “In treatment” y yo “En terapia”, ambos adaptando la israelí “Be Tipul”. Nos hicimos amigos hablando de esa serie, él ya había visto mi trabajo, y “Los que aman, odian”, y me propuso trabajar juntos. Azares de la vida. Fue algo muy grato, tengo mucha admiración por su trabajo.
P.: Son sólo 7 capítulos. ¿El libro no daba para una serie de varias temporadas?
M.G.: Sí y no, porque Eloy Martínez fue un gran escritor, todo lo que cuenta es extraordinario, y además con sus digresiones tan argentinas permite hacer foco en diversos núcleos, pero eso ya requiere otros tonos, y al tener que contar tres tiempos en paralelo (la vida de Eva, lo que pasó con su cuerpo y la búsqueda de la verdad), el audiovisual pide centrarnos en una sola cosa. Entonces, el eje central es la desaparición del cuerpo, y la progresión está dada por la parte policial.
P.: Diego Velázquez tiene cierto aire parecido a Eloy Martínez, ¿puede ser?
Diego Velázquez: ¿Me habrán elegido por eso? Claro, mi personaje es una suerte de alter ego de Eloy Martínez, que va echando luz sobre las cosas que descubre, y las que le cuentan, y va guiando al espectador, pero cuidado, que lo que el novelista hizo con Evita lo hace la serie con él, es decir, tomar unas cosas reales y fantasear con otras. Eso me dio libertad para no copiarlo. Hay algo que conviene aclarar. El escribió lo que llamaba “posibilidades ficcionales”, y las puso en el marco de una investigación periodística. Escribir bordeando la ficción me parece apasionante, y a la vez polémico. Tuvo tanto éxito la novela, que mucha gente tomó algunas de esas “posibilidades” como si fueran verdades. Por ejemplo, lo del cine Rialto, lo de varios cuerpos iguales, o la frase “¡Tenés cáncer, negrita!”, que Feinmann puso en la película de Ester Goris creyendo que de verdad la había dicho Perón. A veces Eloy Martínez aclaraba algunas cosas, no todas.
A.M.: Con el mayor tino del que somos capaces, jugamos a contar cosas que “nadie vio”. Ya el relato de Tomás Eloy es magnético, nos hace creer que realmente sucedió lo que él cuenta. A la vez, lo que realmente sucedió también es magnético: un hecho tan perverso, tan oscuro, escabroso, que nos hace pensar en ciertos aspectos de la historia argentina, y de nosotros mismos como sociedad.
P.: Ahí entra el coronel Moori Koenig.
A.M.: Un personaje inmenso, en la novela y en nuestro relato. Perón lo propone como edecán, Eva lo adopta, él la ve trabajar, y luego surge el conflicto, cuando se incorpora al nuevo gobierno como supervisor del cadáver. Debe impedir que se convierta en un ícono político. Queda en sus manos esconderlo, pero no destruirlo, entonces se vuelve más hechizado por ella, a la que no pudo dominar estando viva y cree que puede dominarla muerta. Así pierde la razón, y el curso de su propio destino. En esto la novela es magnífica. Era un militar de Inteligencia, con un legajo altamente confidencial, por lo que cuesta encontrar datos, pero se sabe que fue expulsado del Ejército y pasó sus últimos días en una agencia de investigaciones de mala muerte.
P.R.: Creo que todo argentino que vivió esos tiempos sabe de lo que estamos hablando, de personas con poder, con una formación totalmente estructurada, posesiva, elitista, desquiciada y al mismo tiempo formal. Y lo raro es que, con la educación católica que recibieron, no le hayan dado a Eva una inmediata sepultura cristiana, eso es una contradicción para ellos mismos.
P.: ¿Cómo fue el rodaje?
A.M.: Estábamos a punto de empezar cuando nos detuvo la pandemia. No había vacunas, no sabíamos si algún día podríamos hacer la serie. Pero eso sirvió para darnos un año leyendo, investigando con expertos y preparando lo que íbamos a hacer. Teníamos reuniones diarias por zoom, con Felix Monti, director de fotografía, Mercedes Alfonsín, directora de arte, Beatriz Di Benedetto, vestuarista, las chicas de guión, que aprovecharon a pulirlo, la gente de producción, Rodrigo García, que vive en Los Angeles, y luego con los intérpretes. Después, a medida que se pudo, nos fuimos reuniendo en bares, hasta que al fin, con un año de demora, empezamos.
D.V.: Todo muy protocolizado, y en unas locaciones ambientadas como los dioses, con mucho trabajo de arte.
A.M.: Hubo contagios, etapas de aislamiento a veces en los roles centrales, cosas así provocaban un tembladeral, porque había que cambiar los planes de trabajo, no era fácil, estábamos sujetos a las vicisitudes del universo, pero aun así entre todos se generó una hermandad muy particular.
P.: ¿Y ahora?
M.G. y P.R.: Ahora, con Disney, Star Plus y Polka estamos preparando una serie sobre mujeres intensas.
D.V.: Terminé de grabar la segunda temporada de “El reino”, en setiembre estreno una pieza teatral sobre Pina Bausch en la sala grande del Cervantes, dirigido por Diana Szeinblum, que es una coreógrafa formada con Pina, hacia octubre empiezo una comedia con Natalia Oreiro, “Muerta de amor”, y sigo leyendo a Tomás Eloy Martínez.
A.M.: Ahora estoy escribiendo, preparando algunas cosas, un largometraje, espero estar en marcha bastante pronto.




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