13 de marzo 2007 - 00:00

Evo, figura en Mar del Plata

Alejandro Landes, director del film «Cocalero», sobreEvo Morales. Un documental inteligente.
Alejandro Landes, director del film «Cocalero», sobre Evo Morales. Un documental inteligente.
Mar del Plata (Enviado especial) - Mientras la competencia oficial sigue sin dar títulos de marcada relevancia (ayer se sumaron un documental holandés demasiado básico, «Los cuatro elementos», y un suave melodrama sobre una colegiala coreana que pierde al novio, «¿Debería llorar?», que al menos hizo llorar debidamente al público, aunque era medio largo), en cambio la competencia latinoamericana está teniendo mayor repercusión. Y entre todos los films, el que mayores repercursión produjo fue el dedicado a Evo Morales.

Veamos: se destacaron, hasta ahora, la comedia mexicana de humor negro «Morirse en domingo» (con los trámites que ello acarrea a los deudos), dirigida por Daniel Gruener, que también dirige teatro, ópera y televisión, y es la mar de sencillo, y cuatro documentales muy particulares: el paraguayo «Tierra roja», de Ramiro Gómez (la vida cotidiana de los habitantes del monte, casi en el centro del continente sudamericano, atrapó a los marplatenses, habitantes de una ciudad marítima), el minimalista argentino «Los pasos de Antonio» (el autor, Pablo Baur, sigue durante cuatro años las caminatas cada vez más dificultosas de su abuelo nonagenario), el chileno «Reinalda, mi mamá y yo» (en primera persona, Lorena Giachino busca hilvanar la historia de su madre, que ha perdido la memoria, y la mejor amiga de ésta, desaparecida en circunstancias penosas), y el argentoboliviano «Cocalero», de Alejandro Landes, que es un preciso seguimiento de la campaña electoral de Evo Morales, con amplio registro de picardías, confesiones, aclamaciones y también rechazos e insultos, esto último en Santa Cruz de la Sierra.

También se vio la argentina «Regresados» (juego de palabras con «egresados»), una comedia amarga de Cristian Bernard y Flavio Nardini, bien graciosa y decididamente amarga hasta más allá de los créditos finales, con ácida y creíble pintura de la falsa amistad, los amores cobardes, la paulatina pérdida de sensibilidad, y otros asuntos, llegando incluso al grotesco, y (ya que estamos) lanzando de paso un buen palo a quienes la van de artistas del nuevo cine argentino, y reclaman mantenimiento del Estado. Tiene algunos chistes locales, pero, realmente, esta película tendría que haber ido a la competencia oficial.

Un pantallazo de la producción zonal también pudo ser visto en una única función de Latinoamérica en Progreso, tal como se define al sector de working progress del material, donde se proyectaron fragmentos de películas sin terminar, pero que algo prometen. Por ejemplo, «Mentiras piadosas», una versión libre del cuento de Julio Cortázar «La salud de los enfermos», según el debutante Diego Sabanés, con Marilú Marini y Lydia Lamaison en el elenco.

También la más comercial «Santos», de los creadores de «Promedio rojo» (un éxito chileno con participación de Santiago Segura, que bien hubiera podido estrenarse en la Argentina), y otras, como la hispano-chilena «199 recetas para ser feliz», de Andrés Waissbluth.

P.S.

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