Fosa en su patio», de Pablo Suárez, integra la muestra «Un momento en el Arte Argentino», apenas un tercio de las 150 obras de la Colección Alberto Elía-Mario Robirosa que exhibe el Museo de Bellas Artes.
"Un momento en el Arte Argentino-Colección Alberto Elía-Mario Robirosa" se exhibe en el Museo de Bellas Artes hasta el 2 de Agosto. Una colección privada es la suma de varios factores, entre ellos, sensibilidad, conocimiento, amor al arte, un ojo alerta para detectar artistas que se comprometan con su tiempo, apostar por ellos y, last but not least, el gusto personal. Es por eso que debió haberse respetado la voluntad de ambos coleccionistas de haber expuesto la totalidad de la colección de 150 obras y no recortarla en un tercio por exigencias burocráticas ajenas a la actual dirección para agregarle innecesariamente obras del acervo del museo.
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Desde sus inicios y sobre todo desde la galería de la calle Azcuénaga, inaugurada en 1980 y apartada del circuito de entonces, Elía y Robirosa establecieron lazos con gente joven, desconocida y, periódicamente, con artistas consagrados como Josefina Robirosa, Luis Felipe Noé (a quien le compran toda la muestra) y Julio Le Parc. María Teresa Constantín, autora del texto «Formación de una colección, un país» incluido en el catálogo, además de narrar cronológicamente la actividad de la galería, la sitúa en el contexto histórico de esos años de la dictadura militar.
Era un espacio-refugio, un espacio de libertad en el que, por ejemplo, se veían las riesgosas obras de Alberto Heredia. Tal era el compromiso con los artistas, que deciden realizar el tiraje de una serie de bronces de pequeño formato correspondiente a los «camembert» para así venderlas y ayudar al artista que viajaba a Japón para instalar una obra en el Hakone Open Air Museum of Sculpture de Tokio.
También es importante recordar que cuando se lee un currículo de muchos artistas, hoy prestigiosos, la primera exposición tuvo lugar en dicha galería.
El recorrido de la muestra revela que estos coleccionistas apostaron a los pintores cuando la pintura parecía perder vigencia para ser suplantada por otras disciplinas, especialmente las instalaciones. Tema que se ha convertido ya en un cliché dado que la pintura no se agota, es todavía un medio poderoso cuando hay verdadero talento, y el desplazamiento hacia otro tipo de representación no es otra cosa que la necesidad del hombre de intentar nuevas experiencias, por cierto valederas, entonces y ahora, con el aporte y / o cruzamiento de otras disciplinas y tecnologías.
Se ven importantes obras de Pablo Suárez, Carlos Gorriarena, Luis Felipe Noé, Alberto Heredia, Marcia Schvartz, Ana Eckell, los integrantes de las tres «P»: Pino, Pirozzi, Pietra, Kemble, Wells, Minujin, así como Lavallén, Cambre, Eguía, Dompé y otros «descubrimientos» como Marcelo Bordese, Daniel Ciancio, Hugo Soto, el apoyo a artistas como Fernando Canovas, Mario Gurfein, Jorge Simes que viven actualmente en el exterior y también a artistas uruguayos como Donner y Mendizábal, nacidos a fines de los '50 y el cubano Torres Llorca, hoy muy cotizado.
Elía-Robirosa no tienen sede propia. Por ahora y dado el bajo perfil con el que no hace mucho tiempo «descubrieron» que podrían mostrarla, planean un itinerario. Debe agradecerse su generosidad, ya que esta colección centrada en un «momento» del arte argentino, cumple con un importante fin educativo y hace visible que no se equivocaron cuando eligieron artistas que más adelante obtuvieron importantes premios o fueran aceptados por el público
Quizás muchos se pregunten por qué la portada del catálogo está ilustrada por «El Boxeador», un óleo de Jorge Larco realizado en 1929/30 cuando la colección se centra principalmente en la década de los '80. Más allá de las anécdotas que sobrevuelan toda colección que se precie, fueron los únicos apostadores por la obra en una subasta de Bullrich, por la que pagaron 150 dólares, cifra irrisoria si se la compara con los miles de dólares que les ofrecieron tiempo después. Pero Elía confiesa que lo que les atrajo fue la osadía del tratamiento y del tema en un pintor que, según la crítica de José León Pagano, podía pasar de un tema a otro con gran facilidad así como extensa era su variedad de registros en su paleta de acuarelista.
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