9 de septiembre 2003 - 00:00

Exponen obra de Oscar Soler y presentan libro

En la muestra expuesta hace veinte años en el Instituto Francés de Arquitectura (IFA), en el número 6 de la Rue Tournon, en el Barrio de Saint Germain y frente al Teatro Odeon de París, el arquitecto Oscar Soler mostró sus dibujos anticipatorios. También fue quien con mayor síntesis en un grupo de estudios argentinos, presentamos como curadores y llamamos La Escuela de Buenos Aires.

La atinada y justa reivindicación del dibujo arquitectónico concierne al arquitecto, cuyos diseños libran esa interminable batalla entre la tradición y la invención, el orden y la aventura; y atañe al dibujo, fabuloso instrumento de representación y arte. Sin embargo, tienen que ver también con el destinatario de las obras y los esfuerzos, el hombre.

La importancia del dibujo ha sido siempre reivindicada por Soler, que mañana a las 19, en el Museo de Bellas Artes, inaugurará una muestra y presentará el libro «Del Dibujo a la arquitectura, 30 años de la Escuela de Buenos Aires». Representar: he ahí el significado primario de «dibujar». Pero para la arquitectura, se ha adoptado la palabra «diseño» (del latín designare: marcar, trazar, indicar, señalar), que se incorpora al castellano en 1580.

Desde el punto de vista sociocultural, la representación es el sistema o conjunto de manifestaciones por cuyo intermedio una sociedad, a través de las imágenes y los símbolos que crea, realiza sus modos de vivir y pensar, su concepción del mundo, sus creencias y valores, su arte. La arquitectura integra, por cierto, ese sistema, y hasta ayudó a establecerlo, es cofundadora de él: no hay sociedad humana sin territorio, no hay territorio sin hábitat, no hay hábitat sin la acción elemental de la arquitectura ( tomada en su sentido meramente constructivo). Es este, el de su origen (arqui, en griego, indica primacía y origen), el primer nivel de representación asumido por la arquitectura, una representación institucional.

Un segundo nivel es el de la representación espacial, que constituye una de las funciones esenciales de la arquitectura; un tercer nivel es el de la representación social, destinada a completar y vivenciar la representación espacial; por último, un cuarto nivel abarca la representación instrumental, o sea, la inclusión de las necesidades (materiales, espirituales, éticas, estéticas, imaginarias) de la comunidad.

«Nosotros los arquitectos vivimos hablando de silencios, fondos y figuras, de acentos y gestos, de la idea de espacio, de la luz y la sombra. Eso es lo que nos interesa. Ese es nuestro vocabulario»,
ha dicho Soler. Cursaba sus últimos años de estudiante de Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó en 1971, cuando comenzó a destacarse por su condición de dibujante y trabajó en concursos para reconocidos estudios.

• Trayectoria

Abrió su estudio con Miguel Angel Lama, en 1972, y obtuvo el Primer Premio en el Concurso Nacional para el Centro Cívico de Olavarría. Integró la llamada Generación intermedia de Buenos Aires, como miembro del estudio Pasinato-Soler-Viarenghi (1976-1988), con quienes se asoció para proyectar la nueva ciudad de Federación, Entre Ríos.

Fue una experiencia singular caracterizada por la participación popular, tendiente a relocalizar la ciudad como consecuencia de la represa de Salto Grande. Los vecinos eligieron el emplazamiento, en un referendo celebrado el 12 de octubre de 1974, en el que optaban por una de las cinco zonas predeterminadas, y a ellos se les consultó e informó, en busca de sugerencias y enmiendas, acerca de los planes elaborados.

Ubicada a orillas del lago creado por la represa, Federación se diseñó de Oeste a Este. Se estableció el área de huertas y quintas; y luego, el sector industrial y de actividades suburbanas; la zona de reserva forestada; y luego, hasta la margen del lago, el área urbana ( viviendas y comercios).

Dentro de esta última, el centro cívico, el centro cultural y deportivo, y el centro turístico.

Soler tuvo también a su cargo la recuperación del Teatro Avenida (1908), edificio emblemático de la histórica Avenida de Mayo, incendiado a principios de la década del 80.
«Teníamos el estudio montado sobre el escenario y ahí me pasaba todo el día dibujando. Sacábamos lo que se demolía para volver a construirlo. Fue una obra de reciclaje y restauración: una parte se renovó y la otra se restauró».

Durante los últimos años, juntoa su primer socio, el arqu itecto-Lama, volvió a integrar un estudio especializado en proyectos para imágenes institucionales. Asociados a Echeverri y Piller, ganaron por concurso la remodelación de las oficinas de Edesur (1998).

En 1999, el estudio obtuvo el Primer Premio en el Concurso para la sede de Molinos Río de la Plata en Victoria (Ruta Panamericana). En esta obra, una de las premisas básicas fue la « funcionalidad para los lugares de trabajo, no como un entorno frío y despersonalizado sino un ámbito pensado como lugar de encuentro y comunicación entre las personas». Con el arquitecto
Mariano García Mittieux, fueron ganadores del Concurso para la Universidad Nacional Tres de Febrero, para la remodelación de 2.300 metros cuadrados y la construcción de 1.400 nuevos. El edificio ubicado en las cuatro manzanas más importantes de Caseros, frente a la Estación, opera como una articulación, que caracteriza a toda el área.

Dejá tu comentario

Te puede interesar