Exquisita evocación musical de Discepolín

Espectáculos

«Discepolín y yo» de B. Gambartes y B. Carey. Int.: D. Peretti, C. Medina, R. Carnaghi, L. Catalano, R. Valss, C. Martínez Bel y Ch. Laborde. Mús.: D. Vila (piano), E. Guerra (contrabajo), D. Bolotín (violín), L. Jungman (bandoneón), F. Fazio (vientos) y J. Pemoff (percusión). Dir. gral.: B. Gambartes. Arreglos y dir. mus.: D. Vila. Ilum.: R. Traferri. Vest.: M. Zuccheri. Esc.: O. Puppo. (Teatro Presidente Alvear.)

E l autor de «Cambalache» y «Yira yira» fue un artista multifácetico, que se sirvió del teatro y el tango para sondear en el alma humana y de paso sacudir la conciencia colectiva de los argentinos. En las letras de sus tangos, que llevan la marca tragicómica del grotesco, conviven la risa y el escalofrío.

Cuesta creer que sus inicios como compositor hayan sido tan duros (cuando estrenó «Qué vachaché» en Montevideo, lo recibió una silbatina), pero su suerte cambió cuando Azucena Maizani cantó «Esta noche me emborracho» en un teatro de revistas. En 1928 conoce a Tania, una cupletista española radicada en Buenos Aires, que estrenó varios de sus tangos y a la que se unió sentimentalmente por el resto de su vida. Enrique Santos Discépolo vivió apenas 50 años, pero en ese lapso conoció la fama, el poder, las trampas del amor y hasta la traición de sus amigos, que a último momento le dieron la espalda por su adhesión al peronismo.

Estas y otras facetas son las que evoca
«Discepolín y yo», un espectáculo de exquisita musicalidad que descarta toda pretensión biográfica o testimonial para ofrecer, en cambio, una sensible recreación del universo poético de este autor, al que la interpretación de Diego Peretti le aporta una equilibrada dosis de fragilidad, ternura y simpatía. Su Discepolín resulta tan verosímil en sus monólogos a público como en aquellas escenas que reproducen fragmentos de su vida y su carrera.

Los autores del texto,
Bernardo Carey y Betty Gambar tes, han trabajado todo este material (con sus correspondientes saltos y omisiones) confiando en las reglas de la memoria subjetiva, que convierte todo hecho del pasado en ficción. El relato gana fuerza al concentrar su conflicto dramático en el triángulo amoroso que vivió Discépolo con Tania y la mexicana Raquel de León, con quien se supone tuvo un hijo que todavía espera ser reconocido por la justicia argentina.

La rivalidad entre las dos mujeres da lugar a un interesante duelo interpretativo entre
Claribel Medina (en el doble papel de Tania joven y de la dulce y sensual «Raquelita») y Lidia Catalano, que compone a una Tania ya madura y dominada por la soberbia y la codicia. Escucharla cantar «Plata, plata, plata y plata otra vez...» provoca cierto escozor, pero Catalano logra que su personaje resulte cómico y siniestro a la vez. Claribel Medina vuelve a lucir una potente y melodiosa voz en varios tangos y boleros, y muy especialmente en la «Copla española» compuesta por Agustín Lara.

Otra figura clave dentro de la obra es
Anselmo, un personaje imaginario, a cargo de Roberto Carnaghi, que condensa a distintos empresarios y allegados de Discépolo. Completan el elenco Rodolfo Valss (un Lara con aires de galán cínico y muy buena voz) y Claudio Martínez Bel quien, al igual que Peretti y Carnaghi no canta ningún tema, pero aporta una buena cuota de humor en su rol de conductor de radio. La brillante participación de Chino Laborde (el cantor) y el impecable desempeño de la orquesta dirigida por Daniel Vila (también responsable de los arreglos) respaldan la calidad musical de este espectáculo, así como el vestuario de Mini Zuccheri aporta distinción a la recreación de época.

Condensado en unos pocos personajes y con una eficaz dramaturgia puesta al servicio de cada tema musical,
«Discepolín y yo» ofrece una nueva lectura de la obra de Enrique Santos Discépolo. Un autor que, como señaló el historiador y crítico musical Sergio A. Pujol, «se las ingenió para hacer de sus breves y muchas veces violentas historias una auténtica comedia humana rioplatense».


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