15 de octubre 2001 - 00:00

Festín para amantes de la cultura celta

«Rhythm of the Dance» (The National Company of Ireland). Prod.: K. Kavanagh. Int.: A. Holly, E.Anderson, S. Casey, B. Geraghty y elenco de bailarines y músicos, (Teatro Coliseo, funciones hasta el 14 de octubre a las 22.).
La visita de la Compañía Nacional de Danza de Irlanda con su espectáculo «Rhythm of the Dance» reaviva entre nosotros la reciente pasión de un amplio sector de público por las manifestaciones culturales irlandesas, se trate de música, danza o gastronomía.
Luego del recordado «Lord of the dance» visto en el Luna Park tiempo atrás, llega ahora una agrupación relativamente nueva ya que debutó en 1999 en Noruega. El show que divide en dos partes una veintena de números presenta una serie de danzas y de composiciones musicales que se inspiran libremente en la época de los viajes de los celtas irlandeses a lo largo de la historia. Si bien los cuadros no poseen la intención de documentar estos acontecimientos, lo que se ve conserva el espíritu guerrero de este pueblo.
Con una marcada conexión con otros folclores, el celta recurre a ciertos procedimientos y formas que lo emparientan con el resto de Europa y con América, armonizando con ellos movimientos, posiciones, conformación de los conjuntos y de los pasos solistas. Por ejemplo, algo que ya habíamos observado en el espectáEscribe Eduardo Vincent culo anterior, muchas danzas recuerdan la pericia y los diseños del malambo de nuestra zona rural. En esa carga energética, surgida de los hormigueantes pies se halla uno de los ejes que se repetirán a lo largo de casi todas las danzas.
Algunas tienen sabores de otras culturas (latinoamericanas o españolas) al lado de las irlandesas propiamente dichas. Los ritmos son siempre compulsivos y sincrónicos entre el grupo de bailarines, tanto hombres como mujeres, con especial preferencia por el zapateo, que recuerda al «tap» americano.
Las danzas son simétricas en su organización espacial y dan lugar a un diálogo dinámico entre una bailarina principal y el grupo. También puede verse un trío de muchachas que baila con zapatillas de punta, conectándose con la danza clásica.
Los vestuarios y las luces completan con su colorido la expresión llena de energía y alegría de la compañía que se muestra simpática y disciplinada a lo largo de las dos horas del show.
Además de cintas grabadas aparecen músicos en vivo que le otorgan más relieve al espectáculo. Cantantes, una violinista, un percusionista y una flautista aportan su cuota de virtuosismo instrumental para hacer de
«Rhythm of the Dance» un atractivo muestrario de una comunidad lejana, pero cada vez más familiar entre nosotros. Cierta reiteración de música y movimiento no empaña el brillo del show, que interesará a muchos y fascinará a los seguidores incondicionales del arte celta.











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