«Mentiras» (Corea, 2000, habl. en coreano). Guión y dir.: J. S. Woo, sobre novela de J. Jung II. Int.: L.S. Jun, K.T. Jeon, J. Hay, C.H. Joo, H.K. Taek.
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Una adolescente se engancha de manera enfermiza con un cuarentón, y cuando el hermano de ella se entera, lógicamente quiere romper al tipo a patadas, lo que no impide que la chica siga en sus trece. Es una historia reiterada. La Pequeña Señora de Pérez se casó con su profesor, pero otras tienen familiares menos comprensivos. Por ejemplo, quienes hoy pasan los cincuenta, quizá recuerden con simpatía la comedia alemana «Me prohíben amar», donde la espléndida jovencita Sabina Sinjen andaba atrás del galán argentino Carlos Thompson, y hasta aprendía castellano para seducirlo, y se escapaba del hogar, con todos atrás buscándola. Final feliz, por supuesto. Eran otros tiempos, y otro público.
Quienes hoy vayan al cine verán, en cambio, una coreanita escuálida que se pone detrás, delante, abajo y arriba de un tipo miserable, y aprende a suportar flagelaciones con varillas, varas y cosas peores, y a darlas con gusto y saña, un poco para seducirlo, y otro poco por puro morbo y ganas de coleccionar moretones. En esta historia, las cosas no terminan precisamente bien, en especial si el tipo no tiene seguro contra incendios, pero el público es otro y hasta puede interesarle.
No es una película demasiado recomendable (las sensaciones pueden alternar entre el disgusto y el cansancio), pero al menos es curiosa, como una especie de «El imperio de los sentidos», sólo que sin el encanto de una ambientación medieval, como tenía la japonesa. Aquí casi todo pasa en asépticas piezas de hoteles, donde la luz del día entra a raudales, lo que también es bastante curioso, y puede tomarse como un signo de los tiempos. Otra rareza, es que durante cuatro años los exhibidores de toda la ciudad se negaron a estrenar la película, que hoy se termina dando en una sola sala, en DVD (buena calidad, pero subtítulos en castizo).
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