Convencional y
sin nada que lo
distinga de otros
baladistas
románticos, Luis
Fonsi llenó el
Luna Park de
mujeres
ululantes que
aprobaron su
debut argentino.
Presentación de «Paso a paso». Luis Fonsi (voz). Con F. Muscolo (piano, teclados), I. Santiago (bajo), R. Nieves (guitarra), C. Benítez (batería), D. Marrero (percusión), Y. Torres y O. González (coros). Bailarines. (Luna Park, 30/6).
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De niño, el puertorriqueño Luis Alfonso Rodríguez fue cantante de coros; a los diez años se mudó con su familia a Orlando, donde consolidó su formación musical en la Florida State University, en la especialidad de «vocal performance». Con base en esa universidad, integró su coro y con él recorrió Londres y Estados Unidos en una gira de conciertos con orquesta sinfónica. Toda esta sólida formación académica, sin embargo, resultó poco importante al convertirse en el cantante solista, Luis Fonsi.
Ya desde el comienzo -y lleva cinco discos grabados el último de ellos, «Paso a paso»-, Fonsi, prefirió un camino más convencional. Así, se transformó en un baladista romántico, modelo Miami, de los que tanto pululan por nuestro continente y que son de los más redituables a la hora de facturar. Ingresó al show business por la puerta grande, se entregó ciegamente a los mandatos del marketing, eligió un perfil de muchacho sencillo, construyó un repertorio de canciones románticas que dicen poco sobre melodías digeridas. Y no le ha ido nada mal. Vendió millones de discos, obtuvo premios y discos de oro y platino, y convoca multitudes en muchos lugares del mundo, incluido Buenos Aires. El Luna Park se rindió a sus pies para un concierto muy profesional que no admite reproches técnicos pero que deja poco para el análisis. Miles de mujeres adolescentes y jóvenes, compraron los tickets para verlo y aprobaron su paso por Argentina. En definitiva, parece ser lo único que importa.
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