Lazar Ristovski, Jovana Mitic (la niña autista), Jasna Zalica, el director Goran Paskaljevic y Danica Ristovski, durante la presentación de «Sueño de una noche de invierno» en San Sebastián.
San Sebastián - No habían menguado los elogios para «Roma», de Adolfo Aristarain, que acá todos ven en primer término como un homenaje a las madres, y las discusiones sobre «Horas de luz», cuando apareció en pantalla el dramón serbomontenegrino «Sueño de una noche de invierno», de Goran Paskaljevic («La otra América», «Como barril de pólvora»), sobre un exdetenido que debe compartir su casa con una okupa, madre de una niña autista.
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Ese papel fue encomendado a Jovana Mitic, una muchachita autista en la vida real, a quien la madre estimula sin descanso, sobre todo a través de las artes. «Dicen que los autistas son incapaces de comunicarse y tener sentimientos. Mi encuentro con Jovana me ha hecho ver esto de modo distinto», comentó en rueda de prensa la actriz Jasna Zalica. Por su lado, Paskaljevic explicó: «La película tiene dos temas básicos: la familia como el núcleo más importante en todas las sociedades para el hombre, y el autismo como connotación política. El problema es cuando el autismo es casi voluntario. Los serbios estamos encerrados en nosotros mismos, pero no creo que todo sea por culpa nuestra». Y ahí se puso más enérgico.
«¿Dónde están las raíces del autismo en nuestro país? Creo que en el ultranacionalismo. Todos queremos a nuestros respectivos países. Eso es patriotismo.Pero si damos un paso más, empezamos a querernos sólo a nosotros mismos, y no distinguimos si los otros son buenos o malos, sino si son musulmanes, bosnios, o cualquier otra cosa; ahí empezamos a encerrarnos. Debemos enfrentar nuestra propia conciencia, para sobrevivir.
Comprendo que nuestras heridas están todavía abiertas, pero hay que hacerlo. Tenemos energía para ello, pero necesitamos ayuda de nuestros vecinos europeos. Que ellos también nos miren. A los americanos no los cuento, pero sí a los demás europeos».
Sanguíneo, firme, el hombre concluyó: «Seguro me atacarán en Serbia por esto, los que gritan patriotismo y solo buscan poder para proteger sus riquezas ganadas con la guerra que ellos mismos provocaron. Nadie es profeta en su tierra, pero si no se los castiga, sus hijos serán dueños de nuestros hijos». Cerca de el, Jovana estaba en su propio mundo, charlando en su lengua, ansiosa de ver al mar. «No estoy seguro, pero creo que lleva una vida mejor que la nuestra». La madre de la niña, en un aparte, dijo otra cosa, no muy diferente, pero más tocante: «Cuando la llevo al colegio, mucha gente suele apartar la mirada. Espero que ahora que estará en la pantalla la miren. El que aparte su mirada, debería reflexionar cuál de los dos es más normal». Dato incómodo, varias personas se fueron a poco de iniciado el encuentro, perturbadas por la presencia real de la chica que venían de ver, sin tantos problemas, en pantalla.
Mientras, en paralelas, apareció una sonrisa rioplatense: «Cama adentro», del debutante Manuel Gaggero, con Norma Aleandro como una señora bien, venida a menos, que aunque no tenga plata sigue patroneando a su doméstica, Norma Argentina. Dos comediantes, para equilibrar con la amarga Xu Jinglei, en la versión oriental del melodrama occidental «Diario de una desconocida».
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