11 de marzo 2003 - 00:00
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Lástima que, en el momento de entregarle el premio a la trayectoria, quien hizo las presentaciones se extendió en solemnes y larguísimas disertaciones, que le restaron tiempo al propio viejo. Que, elegante, empezó diciendo «Para sintetizar...».
Es que realmente cansa esa costumbre de algunos funcionarios de ponerse a disertar, y hasta hacer proselitismo, cuando el público viene a ver a otra persona. Pero a ellos les encanta tener protagonismo, sin entender que molestan, y que el verdadero protagonista es el otro. Esto ya pasó en anteriores gestiones, y ocurre también en el festival porteño, al punto que a sus espaldas suele escucharse la frase «si estos cosos se pierden, tirá un micrófono que enseguida aparecen».
Estadísticas: según gacetilla oficial del festival, este fin de semana concurrió 50% más de público que en igual período del año pasado. O el año pasado fue un fracaso, o ya están rebalsando las salas.
De todos modos, la cifra no tiene en cuenta la cantidad de gente que, desde el puerto a los barrios, se congrega cada noche alrededor de los cinemóviles, donde pasan cortometrajes nacionales. Para la noche de cierre, planean juntarse y proyectar una misma película, en función homenaje a uno del grupo, Angel Ariel Aglieri, que murió en un accidente cuando volvía de hacer una función en un perdido pueblito santafesino.
Algunos sugieren «Historias mínimas», que alude precisamente a la gente anónima de buen corazón. Acaso habría que extender el homenaje a los tantos empleados del festival, que todavía arrastran problemas de alojamiento y comida. «En una de ésas en el 3 de Infantería nos atienden mejor», reía uno al ver el menú asignado por la concesionaria del comedor del Provincial, la misma que atiende el bar de la escuela del INCAA (donde, sin embargo, se come bien).
Buena repercusión tienen las trasnoches juveniles con películas de terror, en especial tres de Ibáñez Serrador, que desgraciadamente no vino porque su padre, el gran Ibáñez Menta, se ha agravado. Una de esas obras, novedad para estas playas, es «El televisor», protagonizada por el propio Narciso en 1974 (fue el último título del ciclo español «Historias para no dormir»). Quizá se vea después en Buenos Aires, dentro de una Semana de la Asociación de Cronistas Cinematográficos.
También interesaron en trasnoche los workshops de varios esfuerzos nativos bastante bizarros, como «Pernicioso vegetal» (un policía que, por pura curiosidad, prueba la marihuana de un detenido) y «Marc, la sucia rata», este último realizado, a lo largo de varios años, por Leonardo Calderón, hombre clave de la desaparecida sección Contracampo. A propósito, para los muchos que extrañan esa sección tan singular, hay en Punto de Vista (que se ha vuelto una de las mejores) un par de películas realmente contracampistas: la húngara «Hukkle», hipo, inesperada y gozosa sinfonía rural, y la polaco-americana «Paradox Lake», historia de curioso suspenso, hecha, con un amor inmenso, en una colonia de vacaciones de niños autistas. Dos rarezas muy buenas, de esas que solo se ven una vez en la vida (y en festivales).
Del resto, hubo mucho interés por la finlandesa «Desnudándose», hasta que su directora, una pelirroja de ojos verdes dominantes, aclaró que nadie se hiciera ilusiones. Se trata de otra forma de desnudarse. Ahora las expectativas van para la nueva comedia de Vera Chitylová, «Expulsados del paraíso», que transcurre directamente en un campo nudista.

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