31 de agosto 2006 - 00:00

"Fuerza Aérea S.A."

En «Fuerza Aérea S.A.», Enrique Piñeyro peca de generalización inadecuada y autoexhibición,afectando un informe que, por otra parte, ilustra bien las causas de varios accidentes aéreos.
En «Fuerza Aérea S.A.», Enrique Piñeyro peca de generalización inadecuada y autoexhibición, afectando un informe que, por otra parte, ilustra bien las causas de varios accidentes aéreos.
«Fuerza Aérea S.A.» (Argentina, 2006, habl. en español e inglés). Guión y dir.: E. Piñeyro. Documental.

Al final de «Fuerza Aérea S.A.» puede leerse, claramente, un agradecimiento «a los oficiales de la Fuerza Aérea que, en su lucha contra la corrupción interna, colaboraron con este documental». ¿Por qué, entonces, meter desde el título a todos los miembros de la Fuerza en la misma bolsa? Ese solo agradecimiento demuestra que no todos han de ser tan ineptos y hasta perversos como se dice a lo largo de hora y media (aparte de que varias fallas también pueden adjudicarse al personal civil, por ejemplo, la del operador cuyo desconocimiento del inglés casi provocó un accidente fatal).

Esa generalización inadecuada, y la excesiva autoexhibición del autor Enrique Piñeyro (lo que además hace que una parte del film se vuelva monocorde y cansadora), son los principales defectos de este documental un tanto recargado, que, por otra parte, ilustra muy bien las causas de varios accidentes, y recuerda que indolencia e inoperancia también son formas de corrupción.

Ex piloto civil, y por tanto conocedor del tema, Piñeyro («Whisky Romeo Zulú») procura ser lo más contundente posible.

Maquetas, dibujos digitales y gigantografías de diversos documentos internos le permiten desarrollar muy didácticas explicaciones sobre causas (y encubrimientos de esas causas) de accidentes como el de Fray Bentos. Un vasto archivo de grabación de comunicaciones entre sectores de un aeropuerto hace constar, paradójicamente, varias situaciones de incomunicación, a las que no son ajenas los prepotentes abusos de autoridad. El archivo televisivo permite «escrachar» la mendacidad de algunas explicaciones oficiales, la petulancia de un funcionario nunca examinado, y hasta las contradicciones entre una declaración pública y otra («tenemos los medios», dice con toda soberbia el alto jefe en programa especial, «hacemos lo que podemos», confiesa el jefe de campo ante los movileros). Etcétera, etcétera.

Pero además, como si todo esto fuera poco, una cámara oculta en la torre de control de Ezeiza deja constancia de lo mal que se trabaja, en especial cuando alguien olvida cargar los planes de vuelo, se borra el mapavideo y hay que imaginarse por dónde vienen los aviones, hay dos instructivos distintos para una operación de emergencia, o los empleados descubren que el aparato de otra sección hace seis meses que está roto, pese a los informes semanales en contrario.

Por el absurdo, todo esto demuestra que Dios debe ser argentino. Por lógica, subraya que dejadez, permanencia de gente inepta y de instalaciones inadecuadas (desde que el pasajero pisa un aeropuerto le están sacando plata, ¿qué se hace con ella?), etc., son formas de irresponsabilidad demasiado graves como para no afligirnos. Piñeyro le echa la culpa a los militares, los gobiernos militares, y el menemismo. Pero hace mucho que éste ha dejado de ser «el gobierno anterior», y lo que él graba en Ezeiza es de abril de este año 2006.

P.S.

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