"Fuga"

Espectáculos

«Fuga» (Chile-Argentina, 2006, habl. en español). Dir.: P. Larrain.Guión: H. Rodríguez Matte, M. Iribarren, P. Larrain; Int.: B. Acuña, G. Pauls, F. Imboden, M. Izquierdo, W. Semler, H. Noguera, A. Castro, A. Trejo, M. Iribarren.

Algunos sintetizan la información diciendo simplemente que ésta es «la película chilena del músico loco». Otros, que es la del afortunado chileno que se casó con Pampita. Ambas síntesis son correctas. Benjamín Acuña protagoniza con toda entrega y acierto el rol de un joven compositor que enloquece la noche del estreno de su gran obra, sabiamente llamada «Sinfonía Macabra», porque desde sus primeros compases está ligada a la muerte de alguna mujer. Por eso, lo primero que hace cuando pasa lo que inevitablemente pasa, es mandar que se quemen todas las copias de la partitura. Años después, alguien intentarearmar la obra a partir de algunas páginas que se salvaron, y de unos pentagramas que el otro dejó en las paredes del manicomio. Ese alguien es el personaje de Gastón Pauls, en rol de antipático incomprendido y hasta odiado, un poco por argentino pero más porque parece que quiere medrar con la obra de un genio desgraciado. Y qué desgraciado es, porque los primeros compases de la tal «Sinfonía Macabra» le vienen de una noche funesta de su infancia, y desde entonces quedaron asociados a la muerte. Alguien los toca y muere, así de simple. A todo esto, el loco ya vio chorrear sangre por las teclas, destrozó literalmente seis pianos, se vio encerrado en un establecimiento público reestructurado por su padre el ministro, sufrió acoso sexual, armó un coro de locos, se fugó aprovechando un asesinato, fue recogido por un pescador, etcétera,y encima le viene el argentino y lo ata al piano sobre una balsa en medio del mar picado, para grabarlo cuando le vuelva la inspiración.

A esa altura lo que empezó como un relato desmelenado y romántico ya es demasiado desmelenado, se desbarranca, se va a pique, pero casi hasta último momento la música es buena (Juan Cristóbal Meza, con aportes de Luis Alberto Spinetta y toquecitos de «Danzas rumanas», «Un bel dí vedremo», etc.), la fotografía es harto elogiable (Miguel Littin Menz), los actores dan muy bien el tono, y la historia tiene lo suyo. Si la agarraba Darío Argento se hubiera convertido en algo todavía más impactante de lo que es, entre otras cosas porque sus golpes de efecto son todavía más nerviosos, y sus mujeres son más rellenitas e impactantes que las que aquí aparecen.

Aún así, con sus errores, entre ellos la duración, que le quita fuerza, «Fuga» puede resultar, para mucho público, una obra a tener en cuenta, dentro o al filo del bizarro latinoamericano de línea romántica. Conviene también tener en cuenta a los hermanos Pablo (director) y Hernán (productor) Larrain, hijos ambos de quien en el momento del rodaje estaba presidiendo el Honorable Senado de Chile, Hernán Larrain. Quizá, cuando se recuperen, salgan con algo todavía más loco.

P.S.

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