Fugazot, de regreso al teatro: "Olmedo se llevó la alegría"

Espectáculos

L uego de brillar en «Chicago» como la inefable guardiacárcel Mamá Morton, María Rosa Fugazot hoy reparte su tiempo en varios frentes. Desde el próximo 3 de mayo protagonizará junto a Thelma Biral y Graciela Araujo, con dirección de Manuel Iedvabni, «Las presidentas», una revulsiva pieza del austríaco Werner Schwab, en el Teatro del Nudo (Corrientes 1551). Entretanto, acaba de debutar en el musical infantil «Alicia Maravilla», con un elenco encabezado por Florencia Peña y con coreografías de Reina Reech. A punto de iniciar la grabación de un nuevo capítulo del unitario «Tiempofinal», junto a Alfredo Alcón y Selva Alemán, la actriz dialogó con este diario.

Periodista: ¿Qué puede anticipar de «Las presidentas» una pieza a la que su propio autor incluyó entre sus «obras fecales»?


María Rosa Fugazot:
El las definió así porque sus personajes son como desechos humanos. Esta obra en particular es muy fuerte, tiene mucha ironía y humor negro. Estamos hablando de un dramaturgo que fue un transgresor nato, muy premiado como autor, pero muy controvertido en su vida privada. Digamos que Schwab muestra a la humanidad tal cual la ve.

P.: Como algo más bien deplorable...

M.R.F.: Hace hincapié en lo peor de la humanidad y se ríe de todo, pero la verdad es que tiene bastante razón en lo que dice. Aun así, siempre deja margen para la poesía. Yo no puedo contar la obra porque lo interesante es ver en acción lo que va surgiendo del diálogo entre esas tres mujeres. De todas formas quiero aclarar que después de leer la obra pensé lo mismo que Thelma Biral: «Yo debo estar loca pero a mí este texto me parece poético». Y creo que muchos van a encontrar lirismo en la obra. Otros quizás no. Todo depende de cómo les pegue el cachetazo.

P.: En los últimos años ustedes participó de grandes éxitos teatrales como «Venecia» y «Chicago». Sin embargo el público la sigue asociando a programas humorísticos.


M.R.F.:
Yo, gracias a Dios, en los últimos años decidí volver al teatro, que siempre fue lo que más me gustó en la vida. De repente la televisión me hizo conocida en una línea de trabajo diferente, pero eso no quita que paralelamente haya hecho Chejov, Roberto Cossa, Noel Coward. El público se acuerda más de mis trabajos en teatro que la propia gente del ambiente. Como decía mi mamá [la actriz y bailarina María Esther Gamas], «Salvo andar en globo yo hice de todo». Hice danza, sainete, revista... pero llegué hasta la bikini nomás, porque no me gustaba mostrar. Era otra época. Cuando yo debuté en teatro a los quince, apenas hacía un año que había dejado las muñecas. Yo me creí que esto era Broadway así que aprendí a bailar, a cantar, a hacer acrobacia. Curso que había, ahí estaba metida.

P.: Recién en «Chicago» pudo darse el gusto de exhibir sus habilidades.


M.R.F.:
¿Se da cuenta? ¡Ahora me toca bailar, cuando las patas ya no me dan ni para caminar! (se ríe). La verdad es que fui muy feliz haciendo de Mamá Morton porque los americanos me dieron una libertad inmensa para componerla. El director me terminó agradeciendo el haberle devuelto el personaje, porque después de tantas puestas por todo el mundo ya estaba tan automatizado que no lo distinguía del resto. ¡Ah, lo que pasó con ese musical fue increíble! Todos, el director, el músico y el coreógrafo quedaron prendados de nosotros. Decían que nunca les había pasado algo así y cuando se tuvieron que ir ¡fue una llorera...! Estuvieron mandándonos emails hasta el último día de función.

P.: Usted siempre logra hacer queribles sus personajes o les da un oportuno toque de humor, como la idishe mame alcohólica que hizo el año pasado en televisión.


M.R.F.:
Es que la vida es así, tiene humor, dolor, angustia, pena, amor... todo eso.

P.: Y cuando piensa en el humor ¿No siente nostalgias de aquella generación de cómicos que la acompañó en sus inicios?


M.R.F.:
Sí, fue una época maravillosa. Tuve la suerte de trabajar con todos los grandes, incluso con el maestro Ernesto Bianco del que aprendí muchísimo. Trabajé con Fidel Pintos, Osvaldo Pacheco, Tono Andreu, Juan Carlos Altavista, que era una delicia... También estaban las chicas, Mabel Manzotti, Doris del Valle, Julia Sandoval; el país pasó por ahí. Después, vaya a saber por qué, ya no fue lo mismo. Sé que la gente está muy ansiosa porque cada vez que se reflota «La peluquería de Don Mateo» se prende como loca. Yo hice toda la serie de los hermanos Sofovich, después seguí con Gerardo y les debo a ellos y a esos programas todo el cariño que recibo de la gente. Pero cuando pienso en el humor... ¡Qué cosa curiosa! desde que murió Alberto Olmedo fue la débacle, es como si el Negro se hubiera llevado toda la alegría.

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