"Tienes magia. En tus ojos, en tu voz, en tu largo pelo oscuro y en tu piel blanca", adulaba el escritor británico Graham Greene a la que luego sería su esposa en una de las numerosas cartas que le escribió para cortejarla. Esa mujer se llamaba Vivienne Dayrell-Browning, y fue tal la pasión que despertó en el novelista que, aun siendo un ateo redomado, se convirtió al catolicismo sólo para casarse con ella. Vivienne Greene, como se hizo llamar siempre a pesar de que en 1948 ambos se separaron, murió el pasado martes a los 98 años. El novelista todavía estudiaba en Oxford cuando conoció a Vivienne, una joven de 19 años que trabajaba en una editorial. Se quedó prendado de ella. Pero la muchacha era esquiva. A pesar de las cartas de amor que a diario -a veces hasta tres en un díale enviaba, Vivienne permanecía indiferente.
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Tanto es así que, en 1924, tras un año de incesante galanteo, la joven rechazó la petición de matrimonio que le hizo el autor de «El factor humano». Sin embargo, el escritor no se dio por vencido. En otra carta le expuso, por primera vez, su idea de abrazar el catolicismo, religión que Vivienne profesaba con una fe ciega. «¡Qué maravilla!», le respondió ella. Entonces, Graham Greene adhirió al catolicismo en 1925 y poco después Vivienne aceptó tamaña prueba de amor y se convirtió en su esposa. La pareja contrajo matrimonio en la Iglesia católica de Santa María, en el barrio londinense de Hampstead, el 15 de noviembre de 1927. Y, aunque las profundas convicciones religiosas de la se-ñora Greene habrían hecho pensar lo contrario, los recién casados comenzaron una apasionada vida marital. Ella lo llamaba «mi tigre» y él «mi gatita».
Pero la luna de miel no duró mucho. Pronto, Graham Greene volvió a su práctica habitual: la visita a los burdeles. Y empezó a combinar sus viajes de negocios con lo que hoy se llamaría «turismo sexual». Sólo unos meses después de que Vivienne diera a luz al primero de los dos hijos del matrimonio --Caro-lin e-, el escritor ya hacía planes para visitar Estonia y «comprar niñas con chocolatines», tal y como le decía en una carta a su amigo, el escritor noruego Nor-dahl Grieg.
En 1946, y tras varios romances, el escritor se embarcó en un apasionado idilio con la escritora estadounidense Catherine Walston, esposa de un noble inglés. La relación se prolongó seis años, y le sirvió de inspiración a Greene para escribir «El final de la aventura» (1951), en la que relata un tórrida relación extramatrimonial y que le dedicó a «C».
Dos años antes, y a causa de las incontables infidelidades del escritor, Vivienne y Graham ya habían acordado separarse. Pero nunca lo hicieron: probablemente a causa de las creencias religiosas de la mujer y por mera comodidad del escritor, que así podía seguir cosechando amantes sin necesidad de subir al altar. Vivienne se consagró a sus hijos y a las casas de muñecas (que coleccionaba compulsivamente), una afición que comenzó a cultivar durante su matrimonio, y acabó convirtiéndose en una experta en la materia, llegando a abrir un museo de Casas de Muñecas y a publicar varios libros sobre el tema. Greene murió en 1991.
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