El estreno de «Mammam», de Jean-Claude Gallotta, confirma que el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín alcanzó un lugar sin parangón dentro de la danza argentina y está entre las más brillantes de la danza moderna en el plano internacional. Tal es su capacidad de adaptación (y de captación) del estilo de distintos creadores que llegan hasta él para reponer -como en el caso que comentamos-o estrenar sus obras.
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A través de «Mammam», Gallotta observa el comportamiento lúdico de un grupo de jóvenes fronterizos entre la infancia y la adultez. Conforman una tribu, como la denomina el coreógrafo francés, que posee sus reglas propias donde la acción física ocupa un lugar fundamental tanto para la violencia como para el amor. De esta oposición básica surgen todas las demás, conformando un cuadro humano intenso y arrogante, filtrado por un erotismo que por momentos se vuelve relación traumática y, en otros, expresión de hondo lirismo, todo ello amasado en una suerte de cosmogonía en la que el espectador debe entrar aceptando sus reglas y compartiendo el placer como la inquietud.
Si bien «Mammam» está surcada por rayos de humor sarcástico, su visión provoca la sensación de una angustiosa zozobra, quizá sin explicación, pero latente a lo largo de los 75' de duración. El lenguaje coreográfico y la utilización espacial de Gallotta son muy libres y connotantes. La técnica clásica está aliada a la contemporánea y al teatro físico conformando un estilo único, personal, que la compañía del San Martín reprodujo magistralmente.
Hay tres dúos antalógicos equilibrados con conjuntos energéticos, precisos y homogéneos. Tanto los aspectos plásticos complementarios de la danza (luces y vestuario) como los sonoros (una bellísima banda que aúna Schubert con el rock, voces y cantos de pájaros) contribuyen a esa delicia artística que es «Mammam».
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